Fito Páez ofrece su corazón en La Habana

Siempre que Fito Páez canta en La Habana, llueve. Pero aun así, invariablemente el patio se repleta. Parece que ni el mal clima impide que el teatro Karl Marx se colme de público para escuchar, de la propia voz de su autor, temas antológicos como 11 y 6 o Mariposa Tecknicolor.

No hay cómo llegar a tiempo al concierto. Los carros que van por calle tercera pasan llenos, y no merece la pena vestirse de largo para montarse en un caluroso ómnibus. Tomo un taxi que me deja en séptima y camino un par de calles más. Pero la avenida está oscura como boca de lobo, las aceras inundadas de fango y los autos que pasan salpican el agua turbia de los charcos. Para cuando llego a mi destino, igual ya estoy hecho un desastre.

Los revendedores de entradas acechan en las esquinas. Tienen boletos a 5 CUC. A juzgar por la falta de butacas vacías que veo después, no me habría venido mal comprar unas entradas de más y hacer un buen negocio gracias, en definitiva, a este evento dentro del Festival Leo Brouwer.

En la entrada del Karl Marx hay gente de todas las edades. Muchos son jóvenes que no pertenecen a la generación de Páez, pero igual cantan a coro sus temas.

El concierto contó con veintiuna canciones y fue presentado por el propio Leo Brouwer. "Este será un recital atípico de un músico... atípico", dijo el cubano. El artista principal se acompañó de la Orquesta de Cámara de La Habana –que por momentos sonó algo desfasada con el cantante– y del joven pianista Aldo López-Gavilán.

La mayor parte de los temas fueron versiones para orquesta de reconocidas canciones de Páez y que aparecen en su álbum de 2005, Moda y pueblo. Los álbumes de Fito no se venden en Cuba en ninguna tienda de música, como mismo es difícil encontrar alguna producción extranjera. Norberto, un viejo seguidor del rock argentino, recuerda que sólo en los 80 era posible encontrar discos como Giros, por entonces hechos de vinilo.

La comunicación de Fito Páez con el público cubano es muy íntima. El cantante de Rosario vivió durante años en la Isla y tiene fuertes lazos con Pablo Milanés y Silvio Rodríguez, si bien ambos no aparecieron durante todo el concierto.

Momentos especiales del recital fueron cuando el cantante interpretó a capella, sin micrófonos, Yo vengo a ofrecer mi corazón. Todo el recinto se sumió en el silencio y sólo se oía la voz de Páez. También fue notorio el número de Cable a tierra, tema que siempre cantó en Cuba junto al trovador Santiago Feliú, fallecido hace pocos meses. "Santiago y yo siempre competíamos a ver quién tomaba más ron", recordó Fito.

Asimismo, el argentino hizo alusión a la larga temporada que pasó en Cuba, entre los 80 y los 90. Pero a diferencia de aquella época, en los últimos años han sido muy escasas sus presentaciones aquí. Muchos de sus oyentes habituales sospechamos que, pese a su aparente posición a favor de la izquierda latinoamericanista, la Revolución cubana le ha decepcionado.

En cuanto a la gente, todavía Fito dice estar enamorado de este pueblo. Quizá sea por eso que, al menos de vez en cuando, viene "a ofrecer su corazón".

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