Extranjera un día, extranjera para siempre - Diario de una repatriada 2

Arte en La Rampa
Un extranjero puede pagar hasta 12 veces más que un cubano por entrar en eventos culturales como la Feria de Arte de La Rampa. (14ymedio)

¿Cómo hacen los cubanos para saber que no soy de aquí? Llevo la misma ropa que las cubanas (pantalón corto, camiseta y sandalias) y mi piel no es tan blanca en este verano abrasador. Además, me jacto de hablar bastante bien "cubano"... Entonces, ¿por qué sigo sintiendo como un estigma perpetuo, como un "délit de faciès", diríamos en Francia para referirnos a los controles callejeros que se hacen a los inmigrantes sin mayor motivo que su aspecto físico? ¿Por qué estoy obligada a soportar en la calle las continuas llamadas: "Hello, my friend, ¿quieres un taxi, un buen paladar, de dónde vienes? ¿Qué idioma hablas? ¿Quieres ir a la playa?".

¿Por qué no puedo parecer solo normal, una ciudadana como el resto y no un ser casi extraterrestre? ¿Por qué esta etiqueta de turista pegada en la frente, como si estuviera padeciendo una obsesión que consiste en recorrer la Isla una y otra vez? ¿Dentro de diez años seguirán ofreciéndome estatuillas de madera o boinas del Che? ¿Por qué nadie piensa que puedo vivir aquí, incluso trabajar a cambio de un salario cubano?

Pero eso no es todo. Hace unos pocos días, en la Feria de Arte de la Rampa, tuve que pagar 2 CUC para entrar (¡solo para tener el derecho de comprar dentro!). En cambio, a mi pareja solo le cobraron 4 pesos cubanos, o sea, doce veces menos que a mí.

Hace unos pocos días, en la Feria de Arte de la Rampa, tuve que pagar 2 CUC para entrar. En cambio, a mi pareja solo le cobraron 4 pesos cubanos, o sea, doce veces menos

Lo que más me molesta es que todo es implícito, natural, sin mediar palabra, sin explicación, solo al verme la cara. Y así es en cualquier evento cultural, excepto el cine, ¡gracias a Dios!: 2 pesos cubanos para todo el mundo, el único momento en que vuelvo a ser una persona normal.

Creo que hace mucho tiempo, pese a la globalización, una barrera invisible se ha levantado entre Cuba y los países normales, entre los cubanos normales y los extranjeros "extraños". Me cuesta saber si mi estatus de extranjera es más bien positivo o negativo desde la perspectiva de los cubanos, que se muestran generalmente bien dispuestos hacia mí. Existe una barrera, invisible pero inalterable,  y no logro saber si los cubanos tienen aprecio por los extranjeros. Felizmente, quedó atrás la época en que mi futuro esposo no tenía derecho a dormir conmigo en un hotel o una casa particular, y aún menos a bucear conmigo en las aguas cristalinas que bañan esta isla, cuando, entonces sí, yo era verdaderamente una turista.

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