Nos engañaron con el turismo

Hotel Manzana Kempinski 19
Los años pasan y las zonas donde vive el cubano de a pie se deterioran mientras que cada día son más los centros turísticos habilitados con comodidades para servir mejor al turista. (14ymedio)

Hubo una época en que lo veía natural. Comprendía, por decirlo de alguna manera, que la playa de Varadero no fuera nuestra a pesar de estar en territorio cubano.

El inconsciente me devolvía la imagen de esa franja de tierra, como a muchos, como si formara parte de otro país al estar destinado al disfrute del turista extranjero. Se necesitaba un progreso económico y en una isla con clima y geografía favorables los recursos los aporta mayormente el turismo, de ahí que hasta orgullo sentía de aquello.

Pero los años pasan y como parte de un plan macabro las zonas donde vive el cubano de a pie se deterioran, y en contraste cada día son más los centros turísticos habilitados con comodidades, lujos y la última tecnología para servir mejor al visitante foráneo. Se maquillan las fachadas para que el que viene de visita no vea cómo el resto se cae poco a poco.

Una vez, con mi familia, nos "vestimos como turistas" y partimos a disfrutar de ese, hasta entonces, desconocido lugar de Cuba. Llegamos con los niños previamente advertidos en cuanto a cómo comportarse y dispuestos, después de pasar las de Caín con el transporte desde La Habana hasta allí, a pasar una exquisita jornada.

Fuimos engañados y es tiempo de dejar de creer que las ganancias que deja el turismo chorrearán hacia el pueblo y los más necesitados

El lugar estaba lleno de perseguidoras y policías que no dudaban en devolver una pelota al hijo de un turista pero a la vez estaban "programados" para detectar e impedir que los cubanos y sus hijos se bañaran en las transparentes aguas del balneario.

No pasó mucho tiempo cuando fuimos detectados por dos policías que nos ordenaron desalojar la zona como si fuéramos delincuentes y nos dijeron que fuéramos para Santa Marta, la playa del pueblo.

Hoy, Varadero es aún más elitista, delimitada e infranqueable.

Hoy el ciudadano pena por conseguir un bloque o un poco de cemento para reparar su ruinosa casa y, más penoso aún, se contratan empresas extranjeras para llevar a cabo la construcción de los hoteles turísticos, impidiéndole a un profesional o a un obrero nacional devengar un mejor salario.

Fuimos engañados y es tiempo de dejar de creer que las ganancias que deja el turismo chorrearán hacia el pueblo y los más necesitados.

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