Las políticas del Estado cubano propician la migración

Migrantes cubanos en varados en Centroamérica. (Archivo sputniknews)
Migrantes cubanos en varados en Centroamérica. (Archivo sputniknews)

Desde hace varios años se viene debatiendo en todas las esferas de la sociedad, en el ámbito académico y también político, sobre las razones que motivan la ola migratoria cubana.

El Gobierno castrista enarbola y defiende a brazo partido la tesis de que los cubanos emigramos por razones económicas, a su vez propiciadas por el embargo económico y financiero impuesto por Estados Unidos. Del otro lado, la oposición en el exilio y dentro de la Isla critica la falta de compromiso político de la inmensa mayoría de los que se acogen a la Ley de Ajuste Cubano y que, poco después de recibir su permiso de residencia en el país del norte, suben a un avión para ir a gastar sus dólares en Cuba y llenar así las arcas castristas.

Las políticas equivocadas hicieron que después de haber sido un país de inmigrantes, Cuba se convirtió en una nación de emigrantes

La emigración cubana es la consecuencia de las políticas equivocadas aplicadas desde el principio por el castrocomunismo. Esas políticas hicieron que, después de haber sido un país de inmigrantes, Cuba se convirtió en una nación de emigrantes. Pasó de ser un Estado económicamente poderoso, con un peso a la par del dólar, protagonista de primicias tecnológicas, educativas, culturales, a ser la cola del continente, a tener una de las inflaciones más altas y el salario más bajo de la región, así como la infraestructura más precaria.

¿Por qué decir que los cubanos emigramos por razones económicas si es política de Estado impedir a toda costa que progresemos económicamente para, a su vez, evitar que pensemos?

Los comunistas cubanos, cuan alumnos aventajados de sus profesores europeos y asiáticos, desde bien temprano se dieron cuenta de que políticamente es muy rentable mantener diariamente al pueblo ocupado pensando qué van a cocinar en la tarde para darle de comer a sus hijos o cómo inventan los pesos para comprarle el par de zapatos al miembro de la familia que trabaja o va a la escuela. Esta política ha permitido incluso encandilar a todo un pueblo con promesas de repartos de latas de sardina o cambios de ventiladores rusos por otros más modernos.

Si analizamos el tema migratorio cubano de forma integral y sin apasionamientos, nos daremos cuenta de que los isleños abandonan su patria por un motivo esencialmente político. No es necesario que nuestros compatriotas reconozca, interioricen o incluso se den cuenta que se van por este motivo: es la causa fundamental, sin duda. Ese emprendedor que, cansado de luchar contra las arbitrariedades de los inspectores y la intolerancia de las autoridades hacia la producción privada, un día opta por montarse en una balsa o tomar un avión y fijar residencia en otras tierras, es un migrante político, aunque no se dé cuenta, por el simple hecho de que la política moldeó su vida de forma irreversible.

¿Acaso no resulta contradictorio decir que los cubanos abandonan su país por razones económicas cuando se sabe que en la Isla, en primera y última instancia, todos los actos tienen un trasfondo político?

Desde 1959 la mala política en Cuba está detrás de todos y cada uno de los acontecimientos en la Isla, incluso los más inverosímiles, como el hecho de escoger con quién mantener relaciones sexuales o determinar qué religión profesar. Cuando un cubano se abstiene de expresar libremente sus opiniones, está siendo condicionado por la política, pues en su subconsciente está la idea de que en la Cuba de los Castro se da palo a los opositores, literalmente se les arrastra por las calles, se les encarcela sin observancia de las más mínimas garantías, se les deja sin trabajo por pensar diferente y a los que viven fuera se les impide la entrada.

Por estas razones y millones más me inclino a defender la idea de que la emigración cubana está determinada por causas políticas primordialmente, porque en Cuba, a diferencia de los otros países de América, no funciona la lógica de que la economía condiciona la política, sino que sucede todo lo contrario. ¿Acaso no resulta contradictorio decir que los cubanos abandonan su país por razones económicas cuando se sabe que en la Isla, en primera y última instancia, todos los actos tienen un trasfondo político?

¿Acaso ir a la escuela en Cuba no es un acto político, máxime si se tiene en cuenta que a los niños se les adoctrina en los principios comunistas y se les exige que juren públicamente que van a ser como el Che? ¿No se ha dicho hasta el cansancio que las universidades cubanas son para los revolucionarios? ¿Es que nos olvidamos de que para trabajar se necesita un aval del presidente de los Comités de Defensa de la Revolución (CDR)? ¿Cuántos de los que me están leyendo no tuvieron que aceptar los condicionamientos de la política para poder educarse, trabajar o incluso sobrevivir?

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