"Los ricos" no existen

La lista Forbes de los 400 más ricos incluye un 10% de inmigrantes. (Forbes)
La lista Forbes de los 400 más ricos incluye un 10% de inmigrantes. (Forbes)

"Los ricos se enriquecen y los pobres se empobrecen". Este mantra de la guerra clasista lo invocan a menudo quienes defienden políticas redistributivas. Pero ni "los ricos" ni tampoco "los pobres" existen como clase constituida de individuos que comparten un conjunto de intereses similares en conflicto con los de otras clases.

Por supuesto, existen personas acaudaladas, pero el concepto de "los ricos" es utilizado a menudo con un significado más siniestro, como señalan Don Watkins y Yaron Brook en el libro Igual es Injusto. Los autores nos recuerdan que términos como "los ricos" y "el uno por ciento" no se utilizan como descripciones neutrales de la riqueza o ingresos de alguien, sino para insinuar una clase maligna. La narrativa de la guerra clasista asegura que nos explotan "los ricos", que utilizan su poder económico para manipular el sistema a su favor. "Los ricos" y "el uno por ciento" se utilizan peyorativamente para insinuar una clase maligna.

No hay evidencia de que "los ricos" compartan una agenda política, mucho menos una maléfica

Entre los muy ricos encontramos líderes tecnológicos visionarios como Bill Gates, Michael Dell y el difunto Steve Jobs; innovadores como Jeff Bezos y Larry Ellison; octogenarios inversionistas como Warren Buffet y Carl Icahn; jóvenes de 30-40 años que convulsionan industrias, como Mark Zuckerberg, Larry Page y Sergey Brin; comerciantes minoristas como los Walton y fabricantes de caramelos como los Mars; socialistas como George Soros y promotores del libre mercado como los hermanos Koch; mujeres como Alice y Christy Walton, Jacqueline Mars, Laurene Powell Jobs o Anne Cox Chambers. Más del 10% de los muy ricos en la lista de Forbes 400 son inmigrantes.

Todos tienen grandes fortunas, pero no pueden verse como clase política con idénticos intereses socioeconómicos. Son un grupo heterogéneo de personas con diferentes creencias, motivos, virtudes y defectos. No hay evidencia de que "los ricos" compartan una agenda política, mucho menos una maléfica. De hecho, una encuesta Gallup del 2011 encontró que entre el 1% de los más ricos de EE UU solo el 33% se identificaban a sí mismos como republicanos, 41% como independientes y 26% como demócratas.

Los promotores de la guerra clasista afirman que el interés sociopolítico principal de "los ricos" es minimizar los impuestos que pagan. Si eso es cierto, también lo es para todos los americanos preocupados por sus obligaciones fiscales. En realidad "los ricos" pagan una desproporcionada carga de impuestos federales sobre la renta. Se estima que el 1% de los que más ganan paga más del 38% del total de los impuestos federales sobre la renta.

El 50% de los contribuyentes paga aproximadamente el 3% de sus ingresos. Para el 1% en la cima la tasa real de impuestos es el 23% de sus ingresos.

El patrón de contribuciones a gastos electorales también desacredita el reclamo de que "los ricos" dominan una agenda común sociopolítica centrada en sus propios intereses. En el ciclo electoral 2014, los comités de acción política conservadores gastaron un total de 151,1 millones de dólares, mientras los liberales gastaron un 20% más, 182,4 millones de dólares.

La meta de la democracia es la igualdad política, no la económica

Entonces es una falacia afirmar, como lo hacen quienes apoyan la guerra clasista, que "los ricos" utilizan su influencia política para minimizar sus pagos de impuestos. Más bien parece que "los ricos" son políticamente ineptos en lo que se refiere a influenciar políticas impositivas.

La tragedia real utilizando etiquetas prediseñadas como "los ricos" para estigmatizar la riqueza individual es que impide distinguir a quienes ganan legítimamente como resultado de su producción creativa de bienes y servicios de quienes se apropian de lo de otros parasitariamente, por engaños, fuerza o favores gubernamentales.

La desigualdad económica resultante de nuestros ingresos legítimos es consecuencia inevitable de la libertad económica. La meta de la democracia es la igualdad política, no la económica.

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Nota de la Redacción: José Azel es investigador senior en el Instituto de Estudios Cubanos y Cubanoamericanos de la Universidad de Miami y autor del libro Mañana in Cuba.

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