Ni valientes, ni inteligentes ni, mucho menos, justos

Una integrante de la Damas de Blanco es detenida por la policía este jueves 10 de diciembre de 2015, en La Habana. (Foto EFE)
Detención de una integrante de las Damas de Blanco en La Habana. (EFE)

En numerosas ocasiones me ha tocado escuchar las historias de amigos y colegas que han estado detenidos o han sido interrogados por la Seguridad del Estado. "Esta gente está escapá, lo saben todo. El día que fui a ver a Fulano, lo que hablé con Mengano, la hora y hasta que tomamos café y comimos puerco asado. ¡No se les va una!"

Yo me imagino que estas personas deben quedar muy impresionadas, pues es como si estuvieran delante de una cartomántica que "adivina" su pasado, presente y hasta puede predecir el futuro. La diferencia es que las cartománticas, según se dice, "tienen un don", mientras la Seguridad del Estado tiene todos los medios técnicos, humanos y una sociedad totalmente organizada para facilitar su trabajo, de manera que sus dones simplemente son los oídos y su bola de cristal está hecha de fibra óptica.

¿Cómo no van a saber hasta el lugar exacto de los lunares de nuestro cuerpo si pueden invadir abierta y descaradamente toda nuestra privacidad?

La Seguridad del Estado tiene todos los medios técnicos, humanos y una sociedad totalmente organizada para facilitar su trabajo, de manera que sus dones simplemente son los oídos y su bola de cristal está hecha de fibra óptica

No hay que ser un superdotado ni pasar escuela alguna para "descubrir" con quién nos relacionamos, qué planes tenemos, con qué medios contamos, pues en la inmensa mayoría de los casos ni siquiera lo ocultamos. ¿La razón? Es muy simple, somos ciudadanos que estudiamos en escuelas normales, con vidas normales, que nos relacionamos con gente normal, que no estamos entrenados ni queremos estarlo para la inteligencia o la contrainteligencia, que hablamos de manera natural y abierta sobre lo que pensamos y deseamos porque eso no nos avergüenza.

Por otro lado, tenemos otra cosa muy distinta, personal militar, adoctrinado, con estudios de todo tipo, con equipos especializados, medios de transporte, sistema judicial hecho a medida, prensa subordinada y gente temerosa que les ofrece lo que soliciten para evitar convertirse en blanco de sus investigaciones.

¿Quién puede hacer mal su trabajo así? Yo me asombraría de lo contrario. De que no sepan algo.

No obstante, en la medida en que te relacionas más con ellos, te das cuenta de que tienen muchas lagunas. Por ejemplo, existe una diferencia importante entre lo que dominan los jefes y lo que le dicen a los agentes de campo. Existe la necesidad en la Seguridad del Estado de convertir constantemente lo ordinario en extraordinario. Esto se justifica porque a cada uno de esos agentes hay que hacerles ver todo el tiempo que están "salvando a la patria" y que "el pueblo les agradece su heroísmo y valentía". En la mayoría de los casos, sin embargo, lo que están haciendo no pasa de cometer un delito común en nombre de la autoridad contra personas naturalmente inconformes con un mal Gobierno.

En este sentido son muy exquisitos en su lenguaje interno. No hay cosa que le guste más a un seguroso que lo llamen "combatiente", y les encanta más cuando se le pone el apellido de "anónimo", pues eso le da la sensación de ser espía y lo hace creerse más inteligente. De paso, ante la sociedad queda como que "corre grandes riesgos"... Bueno, eso es verdad en parte, pues la mayoría padece al jubilarse de sacro-lumbalgia por haberse dedicado a arrastrar personas hacia las patrullas. Pensándolo bien, deberían usar fajas para protegerse en esas peligrosas maniobras.

No hay cosa que le guste más a un seguroso que lo llamen "combatiente", y les encanta más cuando se le pone el apellido de "anónimo", pues eso le da la sensación de ser espía y lo hace creerse más inteligente

Seguramente, en tiempos pasados y bajo otras circunstancias, habrá quien haya hecho cosas más serias contra amenazas reales, no lo niego. Pero hoy, el 99% de lo que "enfrentan" los "combatientes" son los derechos naturales de la gente que quiere pacíficamente cambiar lo que no sirve para que el país salga adelante y no se siga hundiendo en todos los sentidos. Lo cual no es ni valiente ni inteligente y mucho menos justo o admirable.

Muy distinto y difícil es el trabajo de los que tienen que proteger a los Estados con sociedades basadas en los derechos y libertades fundamentales, donde las amenazas son de extrema magnitud y no basta con enseñar un carnet para que personas o compañías "cooperen".

Los hombres y mujeres que arriesgan su vida o la dedican a proteger a sus naciones de las graves amenazas que nuestra civilización enfrenta siempre serán héroes y heroínas dignos de todo el reconocimiento y la gratitud de los pueblos. Pero si el terror lo implantan ellos mismos al servicio de una dictadura que pisotea las vidas de los inconformes para mantenerse a toda costa en el poder, esos combatientes han equivocado el sentido ético y moral de sus carreras y de sus vidas.

Por eso no debe confundirse el abuso facilista, con la pericia o la capacidad. Pues esto último es más atribuible a quienes sobreviven y se expresan a pesar de ellos.

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