¿Usted es de los derechos humanos?

Víctimas de ese analfabetismo político que tan atinadamente ha descrito Dagoberto Valdés, muchas personas no conocen la diferencia entre ser miembro de un partido de oposición, activista de la sociedad civil, periodista independiente o protestador por cuenta propia. A todos se les suele alojar en una sola definición: "esos de los derechos humanos".

No voy a hacer aquí la historia –que está por escribir– sobre el movimiento cubano en defensa de los derechos humanos. Varios han sido en los últimos treinta años los que se han especializado en investigar, anotar y divulgar las violaciones cometidas en el país a esos derechos consagrados en una Declaración Universal que Naciones Unidas emitió el 10 de diciembre de 1948.

Tal ha sido la animadversión de las autoridades cubanas a estos reclamos que en más de un acto de repudio se ha oído gritar a un vociferante la tristemente célebre consigna de "¡Abajo los Derechos Humanos!". La satanización ha llegado al extremo que durante muchos años la mera alusión a que se tiene derecho a algo ya ha sido visto como algo sospechoso.

¿Quiénes se atreven a acercarse, quiénes saltan las barreras del miedo? Desconocidos que tocan a la puerta, llamadas telefónicas de una prisión, viejos amigos que reaparecen. Cualquiera que ha visto vulnerados sus derechos y ha atravesado ya el vía crucis de las apelaciones legales, incluida la inútil visita a la oficina de Atención a la Población del Consejo de Estado o la llamada a los nuevos números telefónicos de la Fiscalía cuando ya no queda otro recurso, entonces se busca a esos de los derechos humanos.

La fuerza moral de este temido espectro, encasillado como mercenario a sueldo del imperialismo, ha ido creciendo

La fuerza moral de este temido espectro, encasillado como mercenario a sueldo del imperialismo, ha ido creciendo. Conozco casos que se les invoca como amenaza: "¡Y si no me resuelven este problema voy a ir a esos de los derechos humanos, a ver qué van a hacer ustedes!", dice la señora a la que le quieren demoler la extensión que hizo para agregar un dormitorio a su vivienda; o el obrero en proceso de jubilación que reclama unos años de trabajo faltantes en su expediente; el condenado sin pruebas; el multado sin motivos; el cuentapropista al que le van a retirar la licencia; el que sufre una confiscación, un registro, en fin, todos los atropellados.

No es suficiente explicar que a ese asunto se dedican otros, que lo de uno es el periodismo, o la biblioteca independiente, o la confección de una plataforma política. Al final no entienden y te dicen: "Yo sé que tú eres de esos de los derechos humanos" y no hay forma de convencerlos de que al que deben acudir es a otro especializado en ese tema. Al final terminamos escuchando el caso y ayudando al ofendido.

¿Y usted cómo reaccionaría? ¿Acaso me va a decir que tampoco es de esos de los derechos humanos?

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Reinaldo Escobar

Reinaldo Escobar (1947)Periodista, nació y vive en Cuba. Se licenció en Periodismo en la Universidad de La Habana ...

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