Aura tiñosa

En la línea de que los nombres revelen poco o nada del alma de las cosas, se inscribe el huracán Paloma. Su temido vuelo -categoría cuatro- tiene más de carroñero en pos del animal herido que de blanco aleteo. A los ciclones le cuelgan calificativos tiernos que después vienen a engrosar el vocabulario de lo desastroso. Se van y nos dejan con nombres como Iván, Charlie, Denis o Gustav para con ellos designar aquello que nos parezca igual de destructivo. De ahí que nuestros políticos -y sus arrasadores planes económicos- han sido llamados como una tormenta tropical o como el huracán fuerza cinco que se llevó tantas casas.
Pero hoy el sarcasmo onomástico es más cruel. Paloma revoletea sobre una Isla herida, hinca su pico en regiones que todavía muestran las llagas dejadas por los huracanes de agosto y septiembre. Tiene el cuello pelado de las auras tiñosas –endémicas como el absurdo- y la negrura de sus plumas no presagia nada bueno.

A la naturaleza  es mejor no tratar de entenderla. Ella tiene su caos y su lógica. A nosotros nos ha tocado por el momento su desconcierto, su locura. Paloma pasará, dejándonos la Isla en el mismo lugar, la destrucción un tanto más profunda que hoy y los sueños, mucho más lejanos.

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Yoani Sánchez

Soy licenciada en Filología, amante de la tecnología, la literatura y el periodismo. Vivo en La Habana y trato cada ... []

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