Canistel o El Dorado

canisteles

Mi abuela me hablaba de él con el mismo arrobo que décadas atrás sus padres le habían contado el viejo sueño de El Dorado. Me revelaba su masa entre amarilla y naranja, seca en la primera mordida pero grata y suave una vez dentro de la boca. Su juego preferido consistía en explicarme el canistel, tarea ardua, pues no hay nada tan difícil como entender un sabor que nunca se ha probado. ¿Ana, a qué se parece?, le preguntaba yo, porque sólo la comparación podía ayudarme a acorralar el aroma de esa fruta ausente de mi vida. “Como un mamey, pero más rico”, era la parca frase que lograba arrancarle antes de que se callara.

Muchos de mi generación conocimos ciertos sabores de oídas, descritos por quienes habían atesorado en su memoria gustativa al níspero, el caimito, el marañón y la guanábana. Esa habilidad para activar las papilas gustativas con algo que nunca habíamos masticado, nos ayudó durante los años más duros del Período Especial. Sobre la litera de hierros oxidados de un albergue en Alquízar, yo refería para un grupo de muchachas cómo eran aquellas frutas que no habían ni siquiera probado. El cuento se repetía cada semana en una improvisada tertulia donde los temas principales eran “sexo y comida”. Esta última, verdadera obsesión de todas las quinceañeras allí reunidas.

Pasó el tiempo y hace una semana mi madre se apareció en casa con tres canisteles. Los había comprado a un campesino en un precio que excedía el de toda una jornada de trabajo. Pensé primero en Ana, que murió hace más de veinte años y en las últimas décadas de su vida no volvió a ver la dorada redondez que tanto la angustiaba. Teo fue quien dio la primera mordida e hizo un gesto raro antes de confirmar “Es como un mamey”. Después regresó a su cuarto sin ver la indecisión en mi rostro. ¿Lo pruebo o no lo pruebo? ¿Y qué tal si no se parece a lo que me contaron? Felizmente, resultó ser a la medida de aquel canistel que –mientras salivábamos las dos– mi abuela me había narrado.

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Yoani Sánchez

Soy licenciada en Filología, amante de la tecnología, la literatura y el periodismo. Vivo en La Habana y trato cada ... []

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