El Chupi Chupi y el dilema de los límites

actos_y_sonidos

Disiento con lo que dices, estoy en total desacuerdo con ello,
pero defendería con mi vida tu derecho a decirlo.
Voltaire

Aprieto los audífonos hasta que casi me rozan los tímpanos, pero aún así la música del taxi colectivo se me sigue metiendo en la cabeza. Es la tercera vez en el día que estoy obligada a escuchar la misma canción, un reguetón de corte lascivo capaz de sonrojar a quienes viajamos en ese Ford de los años cincuenta. El popularísimo tema musical ha terminado ganándose el fanatismo de unos, la repulsión de otros y hasta una fuerte crítica del ministro de cultura Abel Prieto en la televisión nacional. Tal pareciera que nadie puede permanecer inmutable, tranquilo, mientras escucha aquello de “Dame un chupi chupi, que yo lo disfruti, abre la bocuti, trágatelo tuti”. O te contoneas o te tapas los oídos, no hay puntos medios.

El Chupi Chupi ha sido nominado como video clip para los premios Lucas, pero hace unos días fue catalogado como “horrible” por el propio presidente del Instituto Cubano de la Música. Los muchos seguidores del compositor Osmani García y de sus controvertidas letras no saben si se mantendrá en la competencia, ahora que casi no lo transmiten por los medios. Centenares de personas han enviado ya su voto –a través de mensajes de sólo texto del móvil– para que el galardón de la popularidad recaiga sobre este reguetonero. Esperan bailar al ritmo de su creación durante la gala del próximo domingo en el teatro Karl Marx. Sin embargo, un presentador televisivo aclaró –medio en broma y medio en serio– que “nada de llevar chambelonas ni caramelos al evento de este fin de semana... porque le hacen daño a los dientes”, en clara alusión a que quizás no se presente el polémico ritmo con sus directas alusiones sexuales.

Si en Cuba toda la tele, los periódicos y la radio no fueran propiedad privada de un solo partido, existiría un espacio también para este tipo de producciones, aunque a mucho no nos gusten. El problema actual es que si las transmiten en la televisión nacional es como si las rubricara el mismísimo PCC, como si todo el discurso político tuviera que reconocer que a su “hombre nuevo” le interesa más la diversión y lo lúbrico que los himnos de trabajo y las canciones sobre la utopía. Confío en que algún día existirán canales desprovistos de ideología que, en el horario para adultos, presenten temas como éste más allá de preferencias melódicas o del umbral de rubor que acepte cada cual. Levantarán polémica –claro está– y generarán debate, pero ningún funcionario público podrá borrarlos de un plumazo, porque los gustos musicales no se cambian censurando. Si lo dudan, súbanse ahora mismo a cualquier taxi colectivo de La Habana.

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Yoani Sánchez

Soy licenciada en Filología, amante de la tecnología, la literatura y el periodismo. Vivo en La Habana y trato cada ... []

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