Corazones felices

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Me prometí no dejarme molestar por los resultados de cierto estudio realizado por científicos estadounidenses y otros de la Universidad de Cienfuegos, sobre los positivos efectos que generó el Período Especial en nuestra salud física. Como las estadísticas pueden demostrar casi cualquier cosa, no vale la pena arremeter contra la falsedad o no de los bajos índices de colesterol encontrado en nuestras arterias. Pero al mirarme en el espejo y comprobar, a vuelo de pájaro, la evidente secuela en el peso y la talla que me dejaron esos “años duros”, no puedo contenerme.

Mi generación vivió la pubertad marcada por el “no hay” y soñando con las latas de leche condensada y las conservas búlgaras de los idealizados años 80s. Nos reuníamos para hablar de comida, mientras devorábamos cucharadas de azúcar y algún que otro engendro -de dudoso origen- que nuestros padres preparaban con un montón de sacrificios. La comida se convirtió en una obsesión, que todavía nos marca.

Resulta demasiado superficial un estudio que se dedique a medir, solamente, la poca presencia de grasa en nuestro organismo. Quién va a contabilizar entonces los desequilibrios mentales generados por las privaciones, los suicidios, las escapadas en balsas improvisadas para huir del plato casi vacío, los proyectos personales y profesionales que se quedaron sin concluir, los niños que no nacieron, la frustración y esta compulsión a acaparar, a no dejar pasar nada que podamos meternos en la boca, que todavía tenemos.

Aún así, me gustaría leerme, en su totalidad, el estudio hecho por estos científicos y buscar si en algún lugar, junto a expresiones como “presión arterial”, “sedentarismo”, “colesterol” y “salud”, aparecen otras como “felicidad”, “tranquilidad” y “sueños”.

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Yoani Sánchez

Soy licenciada en Filología, amante de la tecnología, la literatura y el periodismo. Vivo en La Habana y trato cada ... []

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