Elena Burke, esa voz que resuena en la memoria

Aquella mujer tenía algo. Además de una voz de registro grave y una emotividad que se volcaba sobre el micrófono, había en ella una actitud que fascinaba. Aparecía en la pantalla del televisor y mi altanería infantil se ponía en pausa, dejaba las correrías y la atendía. Allí estaba, la “señora sentimiento”, la adolescente que había debutado en la CMCQ, la niña que nació el mismo año en que fue sembrada la ceiba del Parque de la Fraternidad de La Habana. Me callaba para escucharla.

Temperamento, emoción y una interpretación que superaba la buena dicción o la memoria, eran su sello distintivo. Ella vivía cada canción. Se le veía pelear por una infidelidad, llorar un desamor, gozar hasta el delirio o decir adiós como la mujer que mueve la mano en señal de despedida desde el umbral de cualquier puerta. En la escena musical cubana de la década de los setenta y los ochenta, llena de miedos y dobleces, Elena Burke resaltaba por auténtica, no buscaba agradar ni complacer.

Otras cosecharon las glorias de los medios internacionales cuando aquella señora imponente y sincera ya no estaba, cuando la dama del filin  se había ido. Pero ninguna cantante cubana ha logrado superar sus interpretaciones de temas compuestos por José Antonio Méndez, Marta Valdés o César Portillo de la Luz, entre tanto autores a los que dio voz. Porque aquella mujer de micrófono en mano y volumen corporal que ocupaba toda la pantalla, era simplemente ella, sin afeites, sin concesiones, sin dobleces.


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Yoani Sánchez

Soy licenciada en Filología, amante de la tecnología, la literatura y el periodismo. Vivo en La Habana y trato cada ... []

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