Festivaleando

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Diciembre ha sido siempre un mes para estar poco tiempo en casa. En la calle no hay tanto calor y el Festival del Nuevo Cine Latinoamericano ofrece una amplia cartelera que nos tienta a salir. Es el momento de sacar los abrigos y de no molestarse cuando el ómnibus va demasiado lleno o cuando tenemos que caminar por la acera del sol. Al final de cada año, la gente se vuelve más amable porque le queda muy poco tiempo para angustiarse por los proyectos no concluidos. Son semanas en las que gravitamos en el conformismo, como si dijéramos “Bueno, parece que tampoco fue el 2009, quizás será el 2010 ese año que estamos esperando”.

Tradicionalmente, las colas se alargaban frente al Acapulco o al Chaplin, abundaban también las enguatadas con cuello de tortuga y las puertas de cristal rotas ante el empuje de los cinéfilos. Más que recrearnos con las imágenes proyectadas sobre la pantalla, por estos días disfrutábamos sumergirnos en una atmósfera festivalera. A veces, lo más interesante nos ocurría mientras esperábamos –expuestos al viento frío– por una nueva tanda o cuando un amigo nos narraba la opera prima de algún joven director. Precisamente, esa burbuja de ilusión que se repetía cada diciembre,es la que no logro rehacer en esta 31 edición. Ni las temperaturas han bajado, ni mis amigos de entonces están sentados en las butacas, sino dispersos y alejados en varios continentes.

Sigo viendo, eso sí, la asistencia masiva a cada película, determinada por la amplia cultura fílmica de los cubanos y también por la ausencia de otras opciones recreativas a precios accesibles. No hay mucho que hacer en esta ciudad donde los que no tienen pesos convertibles deben conformarse con el gratuito muro del malecón, de ahí que el Festival sea tan esperado y concurrido. Intentando salir de ese letargo cultural, he decidido que no me importe tanto si el invierno no ha llegado o si en la multitud hay muchos rostros ausentes. He optado por tomar la cartelera, decidir un título e ir corriendo a meterme en la irrealidad de una sala de proyecciones, mientras afuera sigue el calor y el éxodo.

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Yoani Sánchez

Soy licenciada en Filología, amante de la tecnología, la literatura y el periodismo. Vivo en La Habana y trato cada ... []

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