Gorki

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Se lo llevaron, porque nada desestabiliza más a los intransigentes que un hombre en su estado más libre. En la quinta Unidad de policía -3ra y 62, Playa- donde los delincuentes se alternan y una taza de baño es una quimera dolorosa, rasga Gorki las cuerdas de su rebeldía. Es un tipo raro, todos lo notan; más raro aún en una sociedad donde el modelo del “hombre nuevo” es la versión, a color, del tonto del aula.

Gorki concentra el atractivo que no tienen sus censores: canta, se contonea y grita en sus cruentas letras de rock lo que otros balbucean con miedo. Tiene una habitación forrada con cartones de huevo que le han regalado, porque sumando los recibidos en el mercado racionado no hubiera podido empapelar ni un armario. Está acusado de un delito salido del guión del filme “Minority Report”; incriminado bajo el eufemismo de “peligrosidad pre delictiva”. Traducido al lenguaje de la realidad, significa que te ponen tras las rejas para que no cometas esa trastada que otros presagian.

En el caso de Gorki, la inculpación ha sido moldeada por un delegado de la circunscripción con delirios de James Bond, por una vecina a la que han “aconsejado” que haga la denuncia y por una comunidad que evita interceder por los “incómodos”. El jueves será la vista preliminar y sólo alguna ropa y objetos de aseo, que su padre le llevó, han podido entrar hasta donde lo tienen “guardado”. Hay pocas posibilidades de que el abogado defensor convenza al estricto fiscal que la melena de Gorki, sus canciones de rock y el ruido de su guitarra, no son más peligrosos que la inercia, el conformismo o la doble moral que lo envuelve todo.

*Más detalles sobre la detención en el sitio de Porno para Ricardo

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Yoani Sánchez

Soy licenciada en Filología, amante de la tecnología, la literatura y el periodismo. Vivo en La Habana y trato cada ... []

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