Merienda escolar

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Quién no recuerda aquellos dulces y su correspondiente botella de refresco que recibíamos –en los años del subsidio soviético- en la merienda escolar. Como todo lo que es gratuito, terminamos por restarle importancia y a la hora del receso muchos jugábamos a lanzarnos las bebidas gaseosas y los pasteles. En nuestras manos, los masarreales y las torticas volaban desde el balcón de mi pequeña  escuela en la calle Salud esquina a Soledad. A pesar de que lo subestimábamos, sin ese sostén en mitad de las clases, hubiéramos llegados exhaustos y hambrientos al mediodía.

Al comienzo de la crisis económica de los años noventa, uno de los primeros subsidios que se vino abajo fue la merienda de los estudiantes de primaria. Los niños dejaron de oír el sonido de las botellas que se abrían o del camión con las latas de galletas que llegaba temprano en la mañana. Aquellos dulces tirados pasaron a ser un recuerdo que nos hacía molestarnos con nosotros mismos, por tanta indolencia. Los padres tuvieron que asumir la preparación de un tentempié para llevar a la escuela y nadie explicó en la prensa porque se había decidido eliminar, precisamente, aquel tan necesario sustento.

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Yoani Sánchez

Soy licenciada en Filología, amante de la tecnología, la literatura y el periodismo. Vivo en La Habana y trato cada ... []

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