Papel de hombre o la viagra criolla

Imagen tomada de Flickr

La jaba del mes pasado no estaba tan cargada. Los suministros escaseaban y tuvo que conformarse con algo de plátano y unos kilogramos de pollo. Ya vendrán tiempos mejores. De todas formas, se sintió bendecido, pues cuando llegó a su barrio con los diez huevos que también le habían distribuido en el trabajo, varias vecinas salieron a preguntarle –ansiosas– dónde los estaban vendiendo. Se ruborizó levemente, pero les aclaró con engreimiento que no eran comprados sino parte de una cuota  adicional de alimentos, de una porción entregada a todos los miembros del Ministerio de las Fuerzas Armadas.

Llevar un uniforme militar en esta Isla de verde olivo tiene sus múltiples ventajas. No sólo se reciben prebendas en forma de comida y objetos materiales, sino también el individuo queda envestido de cierta capacidad para amortiguar castigos legales, saltarse trámites que a otro ciudadano le demorarían una eternidad y hasta para obtener de forma más expedita una vivienda. El mismo oficial, que ahora esconde mejor su cupo de comida de los ojos de las vecinas, me dijo una vez que su grado de capitán era como “un cheque al portador”. Cuando su hijo menor cometió un delito, bastó que él se vistiera con la charretera y las botas para que el juez de instrucción mandara al “descarriado muchacho” a cumplir una condena domiciliaria en lugar de hacerlo en una penitenciaría.

Sin embargo, nuestro hombre de pistola al cinto y gorra encasquetada aspira a más. Sólo los altos oficiales, aquellos que superan cierto nivel en la jerarquía, reciben una asignación frecuente del fármaco PPG, también conocido como la Viagra cubana. Le queda poco tiempo para escalar un ascenso antes de que llegue la edad de jubilación, pero no quiere retirarse sin llevarse su cuota mensual de esas píldoras de la vitalidad. El Ministerio al que consagró su vida lo ayudará a representar el papel de hombre, porque un soldado tiene que estar listo para vencer –y dejar en alto el nombre de sus jefes– no sólo en el campo de batalla, sino también entre las sábanas de cualquier cama que se le cruce por delante.

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Yoani Sánchez

Soy licenciada en Filología, amante de la tecnología, la literatura y el periodismo. Vivo en La Habana y trato cada ... []

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