Parlamento viene de “parlar”

Desde hace una par de días hay un nuevo parlamento. Fíjense que no digo “tenemos”, sino que echo mano de la forma impersonal, lejana y ajena. Estos 614 diputados que han asegurado su puesto en la Asamblea Nacional, tendrán –durante los próximos cinco años- la aburrida tarea de asentir, unánimemente, ante cada proyecto de ley. El ejercicio de levantar la mano, en señal de conformidad, les ocupará una buena parte del tiempo de las sesiones. Mientras que la mordaza impuesta por la “Modificación Constitucional” del 2002, les recordará que “el socialismo es irrevocable”.

Verlos tan disciplinados, tan correctos, extrañamente callados en sus sillas, me deja una rara impresión de “parlamento” que no “parla”. Más bien parece un grupo de espectadores, increíblemente uniforme. No recuerdo una sola discusión, un solo acaloramiento surgido en las monótonas reuniones en el Palacio de las Convenciones. Nadie con las venas del cuello hinchadas, ni un solo parlamentario diciendo “No, eso no voy a aceptarlo”. Tampoco ha ocurrido el aplazamiento de una sesión, ante la imposibilidad de ponerse de acuerdo. Resulta sospechoso que, en un país donde se hace difícil dialogar y llegar a un arreglo, haya más de medio millar de personas en consenso.

Ya ustedes saben que me obsesionan las palabras y sus significados (manías de filóloga), de ahí que propongo no seguir llamando a esto un “parlamento”. Digámosle lo que es realmente: un abultado grupo de “oyentes”, un selecto, respetuoso y obediente “auditorio”.

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Yoani Sánchez

Soy licenciada en Filología, amante de la tecnología, la literatura y el periodismo. Vivo en La Habana y trato cada ... []

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