Quebrarán o prosperarán...

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Para quienes crecieron en un país donde el estado tuvo -durante décadas- el monopolio empleador, verse empujados a ganarse la vida de manera independiente es como saltar al vacío. De ahí que, por estos días, los temores se instalan entre los trabajadores mientras esperan la publicación de la temida lista con los nombres de quienes perderán su empleo. No sólo los miedos afloran, sino también el oportunismo y el favoritismo. La decisión de quiénes conservaran sus plazas y quiénes no corre por parte de los directivos de cada centro laboral  y ya se sabe de casos donde permanecen no los más capaces, sino los más cercanos al director. Contradictoriamente, las plazas que intentan conservar están subvaloradas salarialmente y la disminución de una cuarta parte de la fuerza laboral activa no significará –por el momento– una elevación en los sueldos de los que se quedan.

Las reuniones para reducir las plantillas se suceden en cada centro laboral, incluso en  sectores tan sensibles como la Salud Pública. En ella se decide algo más importante que un sueldo mensual o la pertenencia a una determinada empresa o institución. Es el momento también de  abrir los ojos a una Cuba diferente, donde ya la premisa del pleno empleo no se proclama a los cuatro vientos y donde el trabajo por cuenta propia se abre como una opción inhóspita e insegura. Algunos cambiarán la bata blanca por las tijeras de barbero o la jeringuilla por un horno donde se cuezan pizzas y panes. Aprenderán sobre la marcha que la independencia económica trae irremediablemente independencia política, quebrarán o prosperarán, mentirán en las declaraciones de impuestos o dirán honestamente cuánto han ganado. En conclusión, emprenderán un sendero nuevo, difícil, donde Papá estado no podrá sostenerlos pero en el que no tendrá fuerzas para castigarlos.

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Yoani Sánchez

Soy licenciada en Filología, amante de la tecnología, la literatura y el periodismo. Vivo en La Habana y trato cada ... []

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