Otra generación que aguarda

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Tengo treinta y tres años y dos canas. Llevo al menos la mitad de la vida deseando un cambio en mi Isla. En el verano de 1990, me asomaba a las persianas de mi casa en Lealtad esquina a Lagunas, cuando el griterío de la gente me hacía pensar en una revuelta. Desde allí vi pasar las balsas cargadas en hombros hacia el mar y percibí los camiones de policías que controlaban la inconformidad. Las caras ansiosas de mis familiares presagiaban que pronto la situación evolucionaría, pero en lugar de eso los problemas se hicieron crónicos y las soluciones se postergaron. Después vino mi hijo, entre apagones y frases de “no te desesperes”, comprendí que sólo iba a ocurrir lo que pudiéramos provocar nosotros mismos.

Este junio ha empezado muy parecido al de aquellos oscuros años del Período Especial. Desasosiego, cortes eléctricos en algunos barrios y una sensación generalizada de que vamos cuesta abajo. Ya no soy aquella adolescente temerosa y pasiva, cuyos padres le dijeron tantas veces “Acuéstate, Yoani, hoy no tenemos nada que comer”. No estoy dispuesta a aceptar otra etapa de consignas y platos vacíos, de ciudad detenida por falta de combustible y líderes empecinados con sus refrigeradores llenos. Tampoco pienso irme a ningún lado, así que el mar no será en mi caso la solución para este nuevo ciclo de calamidades que comienza.

La simiente intranquila de Teo pronto fecundará a una mujer, para dar paso a otra generación que aguarda. Me resisto a creer que serán adultos mirando por la ventana a la espera de que algo ocurra; cubanos llenos de sueños postergados.

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Yoani Sánchez

Soy licenciada en Filología, amante de la tecnología, la literatura y el periodismo. Vivo en La Habana y trato cada ... []

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