Los hijos devoran a Saturno

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Estos jóvenes que hoy veo, ensimismados en su Mp3 y con los pantalones más abajo de la cadera, ansían -como una vez lo soñamos nosotros- el momento de estar “al mando de la casa” y cambiar los muebles, renovar la pintura e invitar a los amigos. Tienen la misma aversión a lo heredado e idéntico deleite por lo prohibido, que todos los que hemos transitado por esa edad. No van a seguir el camino que les han trazado los mayores y –por suerte- no encajan para nada en el ideal del “hombre nuevo”.

Me gusta la manera en que aparentan que nada les interesa, cuando en realidad aguardan por tomar el micrófono, blandir la pluma y levantar el índice. Los observo y no me imagino a estos, que hoy se mueven al ritmo del regetón, ajustando su paso a una marcha militar. Tampoco puedo percibirlos hipnotizados por un líder, dejándose llevar y sacrificándose por él. El hedonismo los salva de la entrega incondicional y cierto toque de frivolidad los protege contra la sobriedad de las ideologías.

Parafraseando al poeta Eliseo Diego, estos simpáticos jóvenes, tienen “el tiempo, todo el tiempo”. Así que por el momento dejan que los más viejos se crean sus compromisos de continuidad y conservación. Ya llegará el día de cambiarle –incluso- la cerradura a la puerta de la casa.

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Yoani Sánchez

Soy licenciada en Filología, amante de la tecnología, la literatura y el periodismo. Vivo en La Habana y trato cada ... []

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