Los hijos de la espera

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He leído hace unos días en el periódico Granma que la población cubana decrece y que en el 2006 hubo una disminución aproximada de 4 300 habitantes en comparación con el año anterior. La noticia no me sorprende, pues ya había podido notar que aquello de veinte estudiantes por aula en las escuelas primarias obedecía más a una realidad demográfica, que a la aplicación de algún novedoso método pedagógico.

Sin embargo, entre las amigas y amigos de mi generación hay un verdadero boom de embarazos y nacimientos. Son los hijos que fueron pospuestos con los argumentos del espacio, la emigración o la situación económica; pero que sus padres -ya treinteañeros- se ven compulsados a tener ahora.

Mis amigos se imaginaron la llegada de sus bebés de otra manera. Soñaron con resolver sus problemas habitacionales antes de que vinieran los niños a su vida. Algunos se vieron a sí mismos como padres de hijos que montaban en trineo y hablaban dos lenguas; mientras que otros proyectaron que en su propio país con sus salarios podrían costear los pañales desechables, los biberones y los regalos por los Reyes Magos.

La vida normalmente se burla de los pronósticos, así que ahí están mis amigas ya a punto de parir o meciendo niños en un sillón y mis amigos sofocados tratando de dividir el poco espacio que habitan en la casa de los abuelos, haciendo cálculos que no pueden cumplir con sus exiguos salarios y soñando si todavía habrá espacio en el trineo, ahora que son más para llevar.

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Yoani Sánchez

Soy licenciada en Filología, amante de la tecnología, la literatura y el periodismo. Vivo en La Habana y trato cada ... []

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