De indultos y olvidos

Yoani Sánchez

24 de diciembre 2011 - 20:14

“No seas ingenua”, “te vas a quedar con la maleta preparada”, me decían (con buena intención) amigos de todos lados. Pero un reo siempre sueña con que la puerta va a abrirse, que el propio carcelero tomará las llaves y descorrerá las rejas. En lugar de una reforma migratoria, el plato fuerte de lo anunciado ayer en la Asamblea Nacional se limitó a un indulto para 2 900 sancionados. Sutil manera de decirnos que las celdas reales son más fáciles de eliminar que las burocráticas y un acta de excarcelación se firma con mayor celeridad que la derogación del permiso de salida. No sé si Raúl Castro alcanza a calcular la frustración que dejaron sus palabras de ayer, el desanimo generado por la ausencia de ese anuncio que sus propios voceros habían vaticinado.

He devuelto el equipaje a una esquina de la habitación, he rehecho los planes para esta Noche Buena y llamé a mi madre para confirmarle que me quedo. Imagino que en miles de casas cubanas hoy estén celebrando porque sus parientes saldrán en breve de alguna sórdida penitenciaria. Pero también sé que este 24 de diciembre hay muchos que se sienten estafados, burlados nuevamente. ¿Cuánto tiempo necesita un gobierno para barrer con las limitaciones de movimiento que él mismo le ha impuesto a sus ciudadanos? ¿Es que acaso en este país la palabra “paulatinamente” o la frase “estamos trabajando para instrumentar tal o más cual medida” en realidad se han convertido en sinónimos de “jamás”? ¿Cómo pueden seguir justificando lo que ya no hay forma ética ni legal de sostener? ¿Cuándo va a llegar el indulto presidencial para los castigados a no entrar o salir de su propio país?

Pero no quiero que el inmovilismo gubernamental me entristezca estos días, ni la testarudez de nuestras autoridades me eche a perder las fiestas navideñas. En lugar de eso, a medianoche apuraré mi vaso, abrazaré a mi hijo, trazaré planes de futuro para 2012. Por un rato, olvidaré los barrotes; borraré de mi mente la imagen de un General que reparte indulgencias, que juega con el tiempo de vida de toda una nación y le llama “marchar con pasos cortos” a lo que es simplemente miedo.

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