Cuando llueve

aguacero

No ha salido el sol en todo el día y a cada rato un aguacero nos obliga a meternos en algún portal o quedarnos en casa. Se podría pensar que en un país tropical la vida se organiza teniendo en cuenta el clima y que junto a la ropa ligera tenemos siempre a mano sombrillas y capas de agua. Pero no es así. Las filtraciones de los techos son comunes, especialmente en las construcciones de los últimos cincuenta años; viviendas, oficinas, escuelas y hospitales, incluso almacenes de mercancías sufren repetidas pérdidas a consecuencia de ellas. Los derrumbes, por su parte, que ya constituyen una tipicidad en el paisaje urbano, no son producto de bombardeos del imperialismo, sino provocados precisamente por la dificultad para adquirir materiales constructivos e impermeabilizantes.

“No pude ir porque estaba lloviendo” es la disculpa más común de la temporada. No asistir o llegar tarde, lo mismo al trabajo que a una cita amorosa, están socialmente aceptados cuando esgrimimos el contundente argumento. Pero no siempre se trata de un falso pretexto, pues si la calle donde vivimos tiene las alcantarillas tupidas, el riesgo de caer en los numerosos baches –cubiertos por el agua– es ciertamente posible.

Muchas veces hemos visto en filmes extranjeros la escena de una multitud bajo la lluvia. Nos impresiona la imagen de esa nube de paraguas que se extiende a lo largo de una avenida o a todo lo ancho de las gradas de un estadio. Inevitablemente comparamos esas escenas con la típica estampa de nuestras calles en medio de un chaparrón: bolsas de nylon usadas como gorro, el periódico Granma  o un trozo de cartón intentando cubrir la cabeza; personas mayores aguardando bajo los balcones o apelotonadas en una parada de ómnibus. La alegría casi siempre la aportan los jóvenes que  desafían el temporal, corriendo empapados y surfeando sobre lo primero que se encuentran, una tabla o la vieja goma de un auto, agarrados a la defensa de un camión.

Son días para preguntarse cuándo tener una capa de agua –sin huecos y a la medida– dejará de ser un sueño irrealizable para tantos, cuándo la ciudad no colapsará por un simple chubasco que cae sobre el trópico.

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Yoani Sánchez

Soy licenciada en Filología, amante de la tecnología, la literatura y el periodismo. Vivo en La Habana y trato cada ... []

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