Mi pedacito

cangrejo

Cinco décadas de “nosotros”, de adoctrinarnos en el comportamiento del albergue o del pelotón y sin embargo esta mañana –en el parque– un joven afirmaba: “Es que yo quiero tener mi pedacito”. Lo dijo como quien confiesa el pecado de codiciar algo lejano, de satisfacer un deseo maldito por el que podría recibir el escarnio público. Mientras hablaba de sus “ambiciones”, gesticulaba con las manos atrayendo hacia su cuerpo ensoñaciones invisibles que también nombraba: “un techo”, “un salario decente”, “permiso para viajar”.

La colectivización no ha borrado en nosotros ese anhelo humano de tener un trozo propio y el forzado igualitarismo sólo ha incentivado las ansias de diferenciarnos.

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Yoani Sánchez

Soy licenciada en Filología, amante de la tecnología, la literatura y el periodismo. Vivo en La Habana y trato cada ... []

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