Sin pedigree

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Entre los centenares de mensajes que recibo cada semana hay ciertas preguntas y dudas que se repiten. A muchos les intriga “¿para quién trabajo?”, “¿de quién soy hija?” o “¿quién me paga por hacer esto? Sin intentar convencer a nadie (porque eso de exponer “mi verdad” es lo que más recuerda a un mea culpa) quiero aclarar algunas cosas:

    - Nací en un solar de Centro Habana, en una de las esquinas de mi calle decía “Jesús Peregrino” y en la otra “Jesús Pelegrino” (de manera que desde niña he aprendido a convivir con la multiplicidad de formas con las que se puede nombrar a una misma cosa).
    - No tengo ningún pedigree familiar que me avale para nada, como no sea la habilidad para apretar tuercas y reparar equipos eléctricos heredada de mi padre, maquinista de trenes que en la crisis de los noventa cambió su uniforme azul y blanco por un puesto de ponchero de bicicletas.
    - Muchos de los que me conocen creen que tengo “guayabitos en la azotea”, “me falta un tornillo” o “estoy ida del coco”. Todo lo que he hecho en esta vidita (meterme en problemas, escribir una tesis sobre la literatura de la dictadura en Latinoamérica, unir mi vida a un periodista en desgracia, regresar a mi país y postear en este Blog) bien podría ser visto por un especialista como manifestaciones de un desorden psiquiátrico. Todo es posible…
    - A los que afirman –bajo la impunidad de un seudónimo- que soy del G2, quiero aclararles que muy pocos en Cuba lo siguen llamando así. Ahora le decimos “la seguridá”, “el Aparato”, “la maquinaria”, “el Armagedón”, “la trituradora”, “los muchachos” o solamente “ellos”. Si alguien le preguntara a un joven “Oye ¿tú sabes qué cosa es el G2?” quizás respondería que se trata de un grupo de Rock o de una marca de zapatos.
    - No pienso dar ninguna prueba que niegue esas acusaciones de “infiltrada”. A los que les alivia y les quita la culpa creer que “me atrevo porque estoy protegida o que me han mandado a decir todo esto”, pues adelante. Cada cual –al menos en el pequeño espacio de este Blog- puede pensar y comentar lo que quiera.
    - En relación con el dinero, la base material o el salario, me gusta citar a mi marido cuando dice que tengo “alma de fakir”. Me visto con lo que aparezca, hace años que no tengo más que un par de zapatos y como una vez al día. Una sola obsesión de “consumo” recorre ahora mi vida: postear. El dinero que me gano traduciendo del alemán, enseñándole la Habana a un par de turistas o vendiendo mis viejos libros de la universidad, lo invierto –cuando puedo- en pagar media hora de Internet. Por eso mis apariciones en “Generación Y” son a saltos y no con la frecuencia de una bitácora.
    - ¿Por qué yo tengo un Blog y otros no? Porque soy de una generación que ha aprendido a moverse en el mundo de la tecnología, incluso teniendo que armar su propio PC con piezas compradas en el mercado negro. Una de las contradicciones que se está dando en la Cuba de hoy, es que los que tienen cosas más interesantes que contar, son en su mayoría analfabetos informáticos. O sea, que los asiduos lectores de blogs tienen que conformarse con gente como yo, sin pedigree, pero para quien el mouse es una prolongación del propio cuerpo.

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Yoani Sánchez

Soy licenciada en Filología, amante de la tecnología, la literatura y el periodismo. Vivo en La Habana y trato cada ... []

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