¿Qué fue primero?

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Precios disparados los que por estos días muestra el mercado informal. Un huevo ha llegado a costar la elevada cifra de cuatro pesos cubanos –el tercio del salario medio de una jornada laboral–. Pero el bolsillo de los compradores no ha sido el más afectado; para los que vendan ilegalmente este producto, las condenas pueden llegar a dos años de privación de libertad. La medida busca eliminar el trapicheo de estas posturas, posterior a la hecatombe que ocasionaron los huracanes Ike y Gustav en las granjas avícolas. Osados comerciantes de la bolsa negra son procesados en juicios sumarios como escarmiento para quienes mercadean ilícitamente con comida, materiales de construcción o medicinas.

Nuestros policías –largamente entrenados en detectar carne de res, queso, camarones y leche en polvo– ahora también rastrean los huevos. El resultado más inmediato de esta nueva razia es la desaparición de ciertos productos que sólo nos llegaban gracias a los vendedores que tocaban a nuestras puertas. Por estos días, pregonar “Huevoooooos” puede ser más peligroso que gritar una consigna antigubernamental.  Bueno, no hay que exagerar, la opinión siempre ha sido más castigada.

La nueva ola contra el mercado informal nos ha ayudado a resolver el acertijo de “¿Qué fue primero?” Ahora ya sabemos que al principio fue el huevo, después arrestaron a los que vendían dulces caseros, más tarde fueron procesados los que protestaban por el elevado precio del combustible y finalmente el castigo llegó a aquellos que narraron la escasez de productos en los mercados agrícolas. Para cuando le llegue el turno a los que trafican con la gallina, ya las condenas excederán el cálculo de una vida humana.

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Yoani Sánchez

Soy licenciada en Filología, amante de la tecnología, la literatura y el periodismo. Vivo en La Habana y trato cada ... []

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