El próximo Frankenstein

anacronismo

Intercambió un reloj de marca para obtener el microprocesador;  la motherboard se la dejó el hermano que se fue del país. Sólo le faltan las memorias RAM para armar el próximo Frankenstein, con el que se unirá a la intranet que han hecho varios jóvenes de su edificio. Con apenas treinta años, se ha construido sus propias computadoras desde hace una década, gracias al mercado negro de piezas informáticas. Al principio eran verdaderos engendros -llenos de innovaciones- pero con el tiempo sus ordenadores se hicieron más presentables y competitivos.

Ahora está armando una nueva “criatura” para montarse en el negocio de ripear DVDs y dejar su  aburrido trabajo en una dependencia estatal. Un complejo programa de edición de videos le permitirá anunciarse como “especialista en filmar bodas y fiestas de quince”, ocupación informal muy bien remunerada. Entre los sueños que acaricia está el de enchufarse a Internet y buscar en los chats una novia que lo saque de aquí. Fantasea con que ella le regala –el día de su boda- una computadora a la que no haya que agregarle ni un tornillo.

Cuando se anunció que Raúl Castro permitiría la venta de computadoras a cubanos, este técnico alternativo se alegró de no haber tenido que esperar tanto. Con el precio de una laptop vendida hoy en las tiendas en pesos convertibles, el podría adquirir –de manera informal- piezas para construir al menos tres PCs. Sin embargo, a su Frankenstein  le falta lo más importante, la posibilidad de salir allá afuera y dar sus primeros pasos en la web. Para dejar de ser una simple acumulación de circuitos, necesita el relámpago de la conectividad, ese corrientazo que lo hará despertar a la vida.

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Yoani Sánchez

Soy licenciada en Filología, amante de la tecnología, la literatura y el periodismo. Vivo en La Habana y trato cada ... []

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