Jardines sin mariposas

Imagen tomada del Atlas de mariposas diurnas de Cuba
Imagen tomada del Atlas de mariposas diurnas de Cuba

Y dice una mariposa/ que vio desde su rosal, /guardados en un cristal/ los zapaticos de rosa.

Nuestro Apóstol, José Martí, no hubiera podido escribir hoy en día sus exquisitos versos pues, sencillamente, no hay mariposas.

Las causas son tantas y tan similares a las que han cambiado totalmente la nación cubana.  El deterioro material y espiritual hace que perdamos la belleza física, del entorno, moral y natural.

En barrios y ciudades han proliferado los basureros y casi han desaparecido los parques.  Los responsables de áreas verdes exterminan a filo de hacha, machete y sierra todo vestigio verde, con diferentes justificaciones que van desde los conductores eléctricos hasta nuevas construcciones. También la necesidad de estas ha eliminado jardines caseros para ampliar viviendas.

Las mariposas han estado unidas a la floresta en una hermandad que data de millones de años. Árboles, flores, frutos, enredaderas, lianas y bejucos han sido su hogar y su modus vivendi.  Si éstos desaparecen, ellas también. Teniendo en cuenta lo dicho y que la mayor parte de las tierras del país –antes ocupadas por siembras y enormes zonas boscosas con añejos árboles frutales y maderables– hoy estatales en su mayoría, están cubiertas de zarza y marabú, es una de las causas de la desaparición de esos verdaderos milagros de belleza y color que son las mariposas.

Junto a la lista de calamidades que han hecho desaparecer a las mariposas están las fumigaciones de todo tipo: aéreas, terrestres con carros aspersores y hasta las hechas con las ya famosas “motomochilas” dentro de las viviendas. Estas medidas drásticas y dañinas al medio ambiente y al hombre, las ha instrumentado el Ministerio de Salud Pública de Cuba ante el auge creciente e incontrolado de pandemias como el dengue –con todas sus cepas tan dañinas como la hemorrágica– el cólera, la gastroenteritis y hasta la terrible chikungunya. El producto fundamental usado para estas fumigaciones es el petróleo y otros gases tóxicos y nocivos a la salud ambiental.

Esperamos queden aún mariposas en sierras y montañas mientras el avance de los planes económicos y turísticos, muchas veces falsamente publicitados como ecológicos, no destruyan su hábitat, deforestando y reduciendo nuestras sagradas montañas a páramos y marabuzales.

Sería demasiado triste que para nuestros nietos y bisnietos la palabra mariposa –siempre símbolo de belleza, cubanía y milagro del color– se viera reducida por su exterminio, a la connotación que popularmente se le da a los cubanos que se fueron del país, antes llamados gusanos y ahora emigrantes económicos o… ¡Mariposas!

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