Albahaca ¿limpieza o sabor?

Albahaca
Albahaca

Me fui al mercado hace algunos días, para comprar un mazo de albahaca. Era temprano, así que tuve suerte y encontré unas ramitas recién cortadas, frescas y con un olor muy intenso. De regreso a casa una vecina se cruzó en mi camino y dijo con ironía “¿Qué problema tienes Rubén, que necesitas una limpieza tan grande?” Sin dejarme responder, se marchó entre risas y gestos de quien aleja un mal invisible pero poderoso.

Mi vecina tenía razón, pero no de la manera que ella creía. No había ido a comprarme aquella albahaca para hacer “un despojo”, sino para comerla. Ante el desabastecimiento que estamos viviendo, hay que echar mano de lo poco que queda. En nuestro país muchos desconocen que esta planta aromática es excelente para cocinar ciertos platos, mezclar con ensaladas, agregarla a sopas y preparar el famoso pesto. Resulta increíble que con los altos precios que tienen productos como el tomate, la cebolla y el aceite, no se haya extendido en nuestra cocina el uso de esta hierba, cuyo nombre científico es Ocimum basilicum.

La albahaca sigue siendo vendida en la parte de los mercados donde se ofertan productos para rituales religiosos. La llegada al país de un número creciente de turistas cada año, ha incorporado a la carta de muchos restaurantes recetas que incluyen el basilicum, pero los comensales nacionales siguen bastante reticentes a comerlo. ¿Falta de costumbre? ¿Prejuicios? Lo cierto es que perderse el sabor de una salsa hecha con sus hojas trituradas, es una verdadera pena.

Aquel día, cuando preparé mis macarrones con pesto de albahaca llamé a la vecina para que los probara. Con su voz estridente se fue gritando por el pasillo, ¡Tremendo problema que te buscaste Rubén, ahora me tienes que enseñar a hacer esto!”


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