Se nos quema la Isla


Caballerías y caballerías de bosques carbonizados por toda Cuba gracias a una larga cadena de irresponsables que trabajan como guardabosques y a personas comunes y corrientes a las que no les importa si el país se quema desde Cabo Cruz a Maisí.

El caso es que por cualquier carretera o camino hay rastros de incendio vivos o extintos. Ya es común que cuando las llamas quemaron medio mundo, los guardabosques se enteran porque ven el humo, y entonces a correr ya casi por gusto, para salvar algo del desastre, lo que sin mucho esfuerzo pero con buen trabajo hubiera podido evitarse.

Muchos de estos hombres vestidos de verde prefieren emplear su tiempo en acechar cazadores furtivos, lo cual está bien, para decomisarles las presas, que no terminan en el comedor de ninguna escuela ni en el plato de ningún anciano desvalido, sino en la propia mesa del guardabosque, y eso sí está muy mal. Así, un irresponsable alimenta a otro irresponsable que de todas formas no cumple con su trabajo.

Además, es común que circulen, con total tranquilidad y por lugares donde supuestamente la protección a la naturaleza es extrema, carros sin mata-chispas. Son comunes también los incendios provocados por personas que le prenden candela a la maleza para evitarse el trabajo de chapearla, o por gente que fuma y tira el cigarro aún encendido en donde mejor les parece, y todas esas negligencias muchas veces ante los ojos de quienes representan la ley y poco hacen por hacerla cumplir.

Nadie se imagina cuánta vida se pierde en cualquier monte incendiado. ¿Hasta cuándo los que tienen el deber de cuidar la naturaleza van a ser personas a las que los animales en libertad, los bosques frondosos, el aire puro y el río limpio, no les importan nada?

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Pensar la naturaleza, protegerla, aprender a apreciarla; de eso va este espacio hecho por varios cubanos

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