Ante el terrorismo, no hay conveniencia política que valga

El enemigo de mi enemigo es mi amigo. Así reza un lamentable principio de lo más refinado del maquiavelismo político. La semana pasada, conversaba con una de mis mejores amigas, una joven cubana, quien actualmente reside en Israel.

En la mañana del 9 de junio, Telesur emite la noticia de un atentado ocurrido la noche anterior en un centro comercial en Tel Aviv, donde fueron asesinados cuatro israelíes y seis más resultaron heridos, uno de ellos de gravedad. El atentado terrorista fue realizado por dos jóvenes palestinos, primos, provenientes de Hebrón. En la misma noticia, un dirigente de la Organización para la Liberación de Palestina (OLP) elogió el valor de los perpetradores. La organizaciones Hamás y Al Fatah no se atribuyeron la autoría, pero igualmente se felicitaron por el acto sangriento, según comentario algunas agencias de prensa. El hecho, al parecer, se enmarca en una espiral de violencia que comenzó el mes de octubre, y ha costado la vida de 28 israelíes, 207 palestinos, dos estadounidenses, un eritreo y un sudanés, según los medios.

Telesur emite la noticia de un atentado ocurrido la noche anterior en un centro comercial en Tel Aviv, donde fueron asesinados cuatro israelíes y seis más resultaron heridos

Gracias a Dios, mi amiga vive en otra ciudad, aunque visita la capital con alguna frecuencia. Las víctimas se encontraban en un lugar público, donde coinciden familias enteras, incluidos niños pequeños. Los palestinos comenzaron a disparar a quienes tenían alrededor, después de haber comido en un conocido restaurante. Posteriormente, uno de ellos resultó abatido y el otro, herido de bala, fue trasladado a un hospital. Este tipo de noticias, no por frecuentes, son menos lamentables, así como el acostumbrado silencio del Gobierno cubano, precisamente en unos días en que mantiene conversaciones con Washington sobre terrorismo. En muchas ocasiones, el Gobierno de la Habana ha manifestado su apoyo incondicional a la causa palestina. ¿Cómo se puede ser incondicional ante tales actitudes de los palestinos y las organizaciones que los agrupan en su causa contra Israel?

Ciertamente, Israel ha cometido excesos, que también han sido criticados hasta por Estados Unidos, su principal aliado, y por las Naciones Unidas. Pero, sin dudas, no existe ningún tipo de justificación para actos de esta naturaleza, en los que resultan asesinadas personas inocentes que comparten una reunión familiar o una cena romántica.

La noticia me llegó por Telesur, el mismo canal en el que Hugo Chávez se dirigía a Muamar al Gadafi como hermano; donde Walter Martínez no pierde ocasión, venga o no al caso, para ensalzar las bondades de los gobiernos del tirano libio y de Sadam Husein, y no es capaz de hacer una crítica frontal a la pesadilla de Corea del Norte o al imperialismo ruso.

La enconada posición en contra de EE UU es lo que tienen en común todos estos casos. Eso les convierte en amigos históricos y estratégicos de los gobiernos de Cuba y Venezuela. Ahí está la causa del silencio cómplice. De hecho, en la apoteosis de la barbarie y la deshumanización, el rector de la Universidad de La Habana hizo entrega, en enero de 2012, de un doctorado honoris causa ‒¡precisamente en Ciencias Políticas!‒, al entonces presidente de la República Islámica de Irán, Mahmud Ahmadineyad. El mismo siniestro personaje que tuvo la desvergüenza de convocar a una conferencia internacional en Teherán para negar el holocausto judío en la Segunda Guerra Mundial habló en el acto de recibimiento de sabiduría, justicia y amor por el prójimo.

El terrorismo deslegitima cualquier causa, por justa que sea en principio

No existe terrorismo bueno. El terrorismo deslegitima cualquier causa, por justa que sea en principio. Es triste pensar que se pretenda levantar un Estado moderno sobre el terrorismo, como el Estado Islámico, o ver las noticias sobre los infames secuestros y asesinatos de Boko Haram. La posición del Gobierno cubano frente al terrorismo, si quiere ser coherente, debe abarcar todas sus manifestaciones. No tiene caso dialogar con el vecino del norte sobre este tema, al tiempo que se define como incondicional con la causa palestina. La incondicionalidad hace a La Habana cómplice en el plano moral de los atentados terroristas. De igual manera, se deberá debatir públicamente en algún momento sobre los vínculos de La Habana en movimientos guerrilleros en América Latina o con ETA, que también se valieron de actos de terror en su momento.

Esperemos que en algún momento se detenga la violencia en el convulso Medio Oriente. Nadie merece respeto derramando sangre inocente.

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