El primer aterrizaje en un cometa

El módulo Philae de la sonda Rosetta seguirá el objeto en su viaje alrededor del Sol

Una imágen del módulo Philae enviada por la sonda Rosetta. (ESA)
Una imágen del módulo Philae enviada por la sonda Rosetta. (ESA)

Tras diez años en el espacio, el módulo Philae de la sonda espacial europea Rosetta ha aterrizado este miércoles en la superficie del cometa 67P/Churyumov-Gerasimenko. El primer aterrizaje de la historia en un cometa se ha retransmitido en directo a través de la web de la Agencia Europea del Espacio (ESA).

Tras la separación de la sonda alrededor de las 09.00 GMT, el módulo ha alcanzado la superficie del cometa siete horas después en un punto bautizado Agilikia, de un kilómetro cuadrado, situado cerca de una depresión llena de rocas que caracteriza al más pequeño de los dos lóbulos del cometa.

El objetivo de la misión es entender el proceso de formación de los cometas, estudiar su composición e investigar sobre el orígen del sistema solar. Se trata de la primera vez en la que será posible la observación directa de un cometa a lo largo de más de un año, vigilando las condiciones cambiantes de la superficie a medida que se acerca al sol.

Philae, monitorado desde los centros de ESA en Darmstadt y Colonia, en Alemania, y Tolosa, en Francia, enviará a la Tierra imágenes panorámicas de su entorno y capturas en alta resolución de la superficie; además, analizará la composición de los hielos y el material orgánico del cometa, tomando muestras.

67P/Churyumov-Gerasimenko tiene una forma muy irregular. La mayoría de su superficie está cubierta de rocas -algunas del tamaño de una casa- y de pronunciadas pendientes, fosas profundas y grandes acantilados.

La supervivencia del módulo está condicionada a la posibilidad de recarga de sus paneles solares y que estos no queden manchados por el polvo que desprende el cometa.

La primera imagen enviada por Philae tras separarse de la sonda Rosetta. (ESA)
La primera imagen enviada por Philae tras separarse de la sonda Rosetta. (ESA)

Los cometas son pequeños cuerpos celestes, de apenas un par de kilómetros de diámetro, compuestos por hielo y roca, considerados como los 'ladrillos' primitivos del sistema solar. En sus núcleos contienen materiales inmutados desde hace 4.600 millones de años, cuyo estudio podría ayudar a descifrar la evolución del universo. Los científicos sostienen que, muy probablemente, esos cuerpos celestes contribuyeron a fertilizar la Tierra con agua y, tal vez, con los ingredientes de la vida.

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