Cortometraje ‘Ramona’, entre la risa y el terror

Pedro Pulido, director del cortometraje ‘Ramona’, a las afueras del centro cultural Fresa y Chocolate en La Habana. (14ymedio)
Pedro Pulido, director del cortometraje ‘Ramona’, a las afueras del centro cultural Fresa y Chocolate en La Habana. (14ymedio)

Para celebrar el cumpleaños de su suegra, Aníbal organiza una fiesta pero se percata de  que no tiene comida que brindar a sus invitados. Mientras traslada un saco de malanga comprado en el quiosco La Abundancia, atropella con su camión a Ramona. Al verla tendida en la carretera se le ocurre servirla como parte del banquete de la celebración.

El guión del cortometraje Ramona, presentado este viernes en el centro cultural Fresa y Chocolate de La Habana, se inserta en una larga tradición del absurdo cubano. Las remembranzas a películas como Los Sobrevivientes de Tomás Gutiérrez Alea o el cortometraje La muerte del gato, del director Lilo Vilaplana, recorren el audiovisual.

La idea para esta producción surgió de Francisco Villareal que a su vez la compartió con Pedro Pulido, un joven cineasta formado en la televisión y que en esta ocasión tiene su estreno como director.

Pulido confiesa que solo quiso “hacer una comedia de humor negro sin pretender un alto vuelo artístico”

En una informal conversación con 14ymedio, Pulido confiesa que solo quiso “hacer una comedia de humor negro sin pretender un alto vuelo artístico”. En su realización incorporó “una  crítica social un poco amarga” que busca presentar en la próxima edición de la Muestra de Cine Joven.

El realizador ha trabajado con anterioridad en el diseño de la banda sonora de algunos cortos de la productora independiente Sex Machine, de ahí la innegable influencia de Eduardo del Llano en su cortometraje. Una conexión que se refuerza por la actuación de Néstor Jiménez, un habitual en la obra de ese director, y quien interpreta aquí el papel del policía que investiga los pormenores del crimen.

Kelvis Sorita en el papel de Aníbal y Edenes Sánchez como la esposa del presunto asesino hilvanan sus personajes de nacionales sedientos de consumo, dispuestos a hacer cualquier cosa por matar el hambre. Esta última, la única justificación que esgrime Aníbal durante el interrogatorio para explicar sus motivaciones y que ya había advertido a un amigo antes del terrible accidente cuando le dijo: “yo tengo un hambre, que me comería cualquier cosa que pasara por esa carretera”.

En la fiesta, los invitados son felices y entre tragos y música la bandeja repleta de carne resulta más importante que la homenajeada mamá suegra. Cuando todo parece que va terminar bien, unos golpes en la puerta anuncian la aparición de la policía acompañada de un inesperado testigo de los hechos que deja a todos sumidos en la sorpresa… y el terror.

Sin embargo, Ramona guarda una sorpresa para el final que hará saltar la carcajada y relajar el ambiente

Sin embargo, Ramona guarda una sorpresa para el final que hará saltar la carcajada y relajar el ambiente. 

El cortometraje de Pulido probablemente le guste más al público que a los críticos quienes encontrarán un par de escenas que sobran y se quejarán del extranjero que “ni pinta ni da color” en la fiesta; pero, aunque no haya que ser demasiado sagaz para sospechar el desenlace, la gente se va a divertir y eso se agradece.

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