La Feria Arte en La Rampa se estanca

Enfocada en la comercialización de productos de artesanos y artistas cubanos, Arte en La Rampa necesita replantear sus propuestas. (14ymedio)
Enfocada en la comercialización de productos de artesanos y artistas cubanos, Arte en La Rampa necesita replantear sus propuestas. (14ymedio)

"El estancamiento es la dinámica del deterioro", sentenció un agudo profesor de filosofía frente a sus distraídos alumnos. Aquella frase, dicha al vuelo en un aula universitaria, podría servir como una alerta para Arte en la Rampa, la ya tradicional feria que cada verano se instala en el Pabellón Cuba. Enfocada en la comercialización de productos de artesanos y artistas cubanos, la expo venta necesita replantear sus propuestas y el lugar elegido para realizarse.

Hermana gemela de Arte para Mamá y prima de la Feria Internacional de Artesanía, la cita de cada verano en la céntrica calle 23 ha ayudado a potenciar las producciones nacionales, especialmente aquellas provenientes del sector privado. Con la organización del Fondo Cubano de Bienes Culturales (FCBC), este evento se ha ganado también un espacio en el gusto popular como alternativa ante la mala calidad y el pésimo gusto de muchas ofertas en las tiendas en pesos convertibles.

Sin embargo, no basta con poner al alcance de los compradores ingeniosas manufacturas en piel, barro, cerámica, tejidos, platería o madera. Los modelos y propuestas deben ir mejorando cada año, renovándose y dirigiéndose a un amplio espectro de posibilidades económicas. Ha sido en este último aspecto en el que menos ha evolucionado Arte en la Rampa, todavía con unos precios muchas veces inalcanzables para la gran mayoría.

Los artistas del mueble y de la decoración de interiores se encuentran entre los más demandados por una parte de la población que, desde hace algunos años, ha ido recuperando la creación de atmósfera y confort en sus espacios domésticos. Son estas ofertas las que exhiben las tarifas más alucinantes, con la justificación de que "la madera está muy cara" o "la electricidad que se consume en la soldadura cuesta un ojo de la cara".

El evento todavía cuenta con unos precios muchas veces inalcanzables para la gran mayoría

Si el año pasado era encomiable la incorporación a los catálogos de diseños funcionales, modernos y pensados para diferentes espacios, en esta edición las miradas de los clientes son más exigentes y notan la pereza en actualizarse. "Copian demasiado a Ikea, pero con peores materiales y sin garantía", detallaba una cliente que regateaba el precio de un estante de cocina.

El Pabellón Cuba tampoco satisface ya las exigencias espaciales del evento comercial, que a duras penas logra colar en el recinto a los 90 artesanos, 11 empresas estatales y las dos entidades del FCBC que asisten a la cita. La aglomeración de público a la entrada, el calor una vez adentro y los estrechos pasillos que conectan las áreas expositivas provocan una sensación de asfixia en los visitantes, además de convertirse en terreno fértil para carteristas, manoseadores y cuanta criatura medra en las muchedumbre.

Mientras las entidades estatales como Artex disfrutan de stands mejor acondicionados y situados, los artesanos privados tienen que hacer maromas con los pocos metros cuadrados que se les asigna. En el casi centenar de puestos de venta, desentonan aquellos productos que "se mueren de la risa" durante todo el año en algunos establecimientos, pero que son llevados ahí para ocupar un espacio que podría servir a otros con mayor demanda.

“Copian demasiado a Ikea, pero con peores materiales y sin garantía”, detallaba una cliente

El evento, que cuenta también con el auspicio de la Asociación Hermanos Saíz, está abierto de lunes a viernes entre las 14:00 y las 20:00, mientras que los fines de semanas la cita arranca a las diez de la mañana. A la comercialización se le ha sumado también este año un programa cultural que incluye trovadores, debates con críticos y artistas de la escena cinematográfica, teatral o televisiva, además de las actividades enfocadas en el público infantil que se realizan los fines de semana.

La oferta gastronómica sigue siendo deficiente para el caudal de visitantes y con elevados precios. No se ha seguido con ella la misma amplitud de miras que en los stands de productos, donde los artesanos privados son mayoría. La venta de bocaditos, refrescos, pizzas y rositas de maíz se mantiene en manos institucionales con la consiguiente falta de variedad y calidad, algo que lamentan especialmente las familias que visitan el lugar con niños.

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