Juan Carlos Cremata: “Débil es el poder que le teme al alarido”

Juan Carlos Cremata con su madre, la directora de televisión Iraida Malberti. (Archivo El Nuevo Herald)
Juan Carlos Cremata con su madre, la directora de televisión Iraida Malberti. (Archivo El Nuevo Herald)

El cineasta y dramaturgo Juan Carlos Cremata hizo circular este martes una "resolución artística" en la que desgrana sus reflexiones más personales sobre la relación del poder con el arte. El artista, cuyo contrato como director teatral fuera revocado a partir de sus denuncias por la censura de la obra El rey se muere, asegura en su texto que "débil es el poder que le teme al alarido".

En septiembre pasado el Consejo Nacional de las Artes Escénicas le comunicó a Cremata la resolución número 10 del Ministerio de Cultura, a través de la cual se le ponía fin también a su proyecto teatral El Ingenio. Castigos a los que alude en su último texto como "desproporcionados y sin sentidos" que no hacen más que evidenciar la "efímera e ideológica flaqueza" del poder.

Con una estructura de resolución ministerial, como parodia al documento oficial que dictaminó su separación de las tablas, el director de la película Nada asegura que "los 'compañeros' de cualquier Partido, sistema de gobierno o Seguridad Estatal, que 'atienden' a los organismos rectores de una política cultural masiva en Cuba, hoy día, son por esencia incapaces de progresar".

“Son por esencia incapaces de progresar, estancándose, cada vez más, en lo rancio, retrógrado, reaccionario, improductivo e impopular de sus medidas represivas”

Para el creador esas entidades están "estancándose, cada vez más, en lo rancio, retrógrado, reaccionario, improductivo e impopular de sus medidas represivas". Mientras que considera que el arte debe ser "irreverencia, experimento lúdico, réplica iconoclasta, amén de riesgo perpetuo en constante osadía".

Según la explicación oficial para su despido, Cremata realizó "ataques desmedidos a estas instituciones a través de la prensa extranjera y las redes sociales". Una acusación que le habría acarreado también la insolidaridad de algunos otros intelectuales y artistas: "La humanidad no concluye porque los que sonreían como buenos amigos durante los 'buenos tiempos', de repente ante el peor infortunio te rechacen y se escondan tras falsas excusas".

En cuanto a la relación del arte con el poder, el creador asegura que no debe ser "caricia, no cortejo, no comercio o panegírico a ultranza; pero en cambio catarsis, polémica, apertura, estocada, estudio, anarquía".

El artista, evidentemente afectado por los últimos acontecimientos en su vida profesional, asegura no obstante que "el mundo no se acaba porque te condenen al silencio y te confinen a bregar con la impotencia".

“La humanidad no concluye porque los que sonreían como buenos amigos durante los ‘buenos tiempos’, de repente ante el peor infortunio te rechacen y se escondan tras falsas excusas”

Para Cremata la vida continúa aunque "te obliguen a sobrevivir bajo rótulos 'indignos', supuestamente denigrantes, que te sancionen a vivir en un perfil más bajo que tus semejantes, como 'disidente', 'apátrida', 'desafecto', 'malagradecido', 'mercancía dañada', 'poco confiable' y/o, en definitiva, contrario-oscuro 'agente incompatible' con la marea dominante".

Una alusión a las desgarraduras familiares que pueda haber ocasionado su actual situación se aprecia, cuando el dramaturgo refiere que "la humanidad no concluye" porque "aunque se te complique la vida, se divida tu herida familia o la violenten a ofrecerte la espalda".

El artista concluye que, a pesar de los pesares, "para un creador, una vez más, la vida siempre, y de nuevo, otra vez RE-inicia". Al final del documento recuerda la efeméride de hoy, 6 de octubre: "a 39 años del sabotaje a un avión Cubana de Aviación en las costas de Barbados", en el que perdió la vida su padre, Carlos Cremata Trujillo, empleado de la aerolínea.

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