Leonardo Padura, el escritor que soñó con jugar a pelota

Leonardo Padura presentando su libro en el FIP. (FIP)
Leonardo Padura presentando su libro en el FIP. (FIP)

(EFE).- Leonardo Padura cuenta que tenía un sueño. Soñaba con ser jugador de pelota (béisbol). Y en su sueño pelotero, el de los muchachos cubanos de los sesenta y setenta, acabó dejando el bate y agarrando el bolígrafo, cambiando el estadio por el estudio.

De esos tiempos, en los que el físico no le acompañaba, dice que le queda el fanatismo por el Industriales de La Habana -aunque 'Los Leones de la Capital' sean un "desastre" últimamente- y la filosofía de un juego que tanto dice parecerse a la literatura.

"El béisbol es un deporte en el que, cuando no está pasando nada, está pasando lo más importante y en la literatura muchas veces ocurre lo mismo", razona a Efe el escritor durante la Fiesta Internacional Literaria de Paraty (Flip), en el litoral de Río de Janeiro, que concluye hoy.

Entrevistar a Padura es arriesgarse a obtener las respuestas de siempre, las mismas que decenas de periodistas por las que le han interrogado antes. Por eso, solo hay un interrogante que el también reportero se haría a sí mismo: "Me preguntaría si queda algo nuevo por preguntar".

Pero queda, porque entre la crítica y la apología, nadie está satisfecho; todos quieren que ese novelista del barrio habanero de Mantilla hable de política, aunque su oficio sea la pluma y él prefiera conversar de pelota, cine y literatura.

Dice que "el escritor tiene que ser un interrogador de la realidad" y que "la literatura sigue teniendo un compromiso con la sociedad a la cual pertenece", en su caso, a una  Cuba  que "ha asumido los lenguajes contemporáneos sin dejar de pertenecer a una tradición que se mantiene viva".

"No hay dinero para hacer cine, pero se hace cine. No hay dinero para publicar libros, pero la gente escribe. A veces los pintores tienen dificultades para encontrar los materiales, pero no dejan de pintar", asegura.

Padura escribe para dar respuesta a cuestiones sociales, para "hablar de tal problema que tiene tal conexión con la realidad que estamos viviendo", un país en transformación que pronto verá ondear la bandera estadounidense pero en el que todavía hay "muchas vidas que se han detenido en el tiempo".

Confiesa que tiene "un fuerte sentido generacional", el de los "poetas, dramaturgos y narradores" como Abilio Estévez, Víctor Rodríguez Núñez o Amir Valle que devolvieron "la vida" a la literatura, rescatando temas como "el amor, la amistad o el miedo a la muerte".

A sus 59 años, escribir se ha convertido en una "necesidad vital" que practica por las mañanas y de la que trata de alejarse por las tardes, pero que le hace "sufrir mucho" cuando no encuentra tiempo para dedicarle: cuatro años para acabar "Herejes" y cinco para "El hombre que amaba a los perros".

Su personaje más conocido es algo así como su alter ego, creado en 1981 y publicado diez años después con el nombre de Mario Conde, un irónico "policía que no quiere serlo" y cuyo trabajo, como el de su creador, "es parte de su vida".

Pero de nuevo, las historias no son solo las de Conde, son también las de la sociedad cubana, cuyo retrato le hizo ganar el pasado mes el galardón de Princesa de Asturias de las Letras.

El nombre de Padura, el pelotero frustrado, no estará, como dice su compatriota Estévez, en el Salón de la Fama del Béisbol, pero su legado permanecerá intacto sobre el papel en el que plasmó sus palabras. Y para aquel que se olvide, siempre estarán las entrevistas.

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