Luis Manuel Otero: "El miedo es una de las herramientas más eficaces de este sistema"

El artista se hizo popular por sus acciones como la ruptura de una vidriera en el Manzana Kempinski o el sorteo de una noche en el mismo hotel

Luis Manuel Otero Alcántara. (14ymedio)
Luis Manuel Otero Alcántara durante la entrevista anoche con este diario. (14ymedio)

Cuando era niño un bisturí le bastaba para darle forma a un trozo de madera y cambió gustoso las pistas de atletismo por el arte. Luis Manuel Otero Alcántara soñó con "ser famoso, tener dinero y mejorar el mundo", pero terminó denunciando a través de sus acciones estéticas el racismo, la polarización política y las injusticias.

Nacido en la municipio habanero de Cerro, el polémico artista fue el mayor de cuatro hermanos en una familia con un padre soldador y un tío carpintero. "Ninguno de mis parientes se interesaba por la cultura, pero desde pequeño tuve facilidad para el trabajo manual", recuerda ahora mientras conversa con 14ymedio en medio de la noche.

Nada apuntaba a que Otero Alcántara terminaría haciendo performances provocadoras, cargadas de cuestionamientos sobre la realidad cubana. Sin embargo, mientras el deporte forjaba su resistencia, sintió que necesitaba incorporar el "pensamiento y la filosofía" para cambiar su entorno. Le faltaba meterse en política.

"Me di cuenta de que el camino común estaba vetado para mi. En Cuba la institución tiene mucho prejuicio, si no vienes de la academia te discriminan"

"En mi casa me decían 'el cura' porque hablaba solo y contaba las historias que tenía en la cabeza", recuerda con una sonrisa pícara en el rostro. Todo eso se canalizó al entrar al mundo del arte de manera autodidacta, pues sus intentos de estudiar en la academia de San Alejandro se toparon con el cierre del curso para trabajadores.

Después se afilió a la Asociación Cubana de Artesanos Artistas y recibió un carné que "da un montón de privilegios y supuestamente respalda a la hora de viajar o de exponer". El joven intentó insertarse con aquel documento en el circuito artístico institucional pero con escaso éxito.

"Me di cuenta de que el camino común estaba vetado para mi. En Cuba la institución tiene mucho prejuicio, si no vienes de la academia te discriminan. Así que me salí de esa corriente", recuerda. Elegir ese camino le ha permitido explorar temáticas más controvertidas y menos complacientes.

"Empecé a salir a la calle con mis esculturas. Eso tomó un carácter político porque en este país salir a la calle tiene esa connotación, no porque yo tuviera un discurso político ni fuera un activista", aclara Otero Alcántara como si quisiera dejar claro que lo suyo no es la oposición partidista.

Este año, mientras blandía una enorme maza a pocos centímetros de la vidriera de una exclusiva tienda, sintió que lograba condensar en ese instante muchas de sus insatisfacciones. "Me interesa más insertarme en el tejido real que en una fría galería para que me compren una pieza".

Otra manera de denunciar el abismo que separa a la mayoría de cubanos de las burbujas de glamour que se han ido creando en la Isla fue lanzar una lotería alternativa donde el premio gordo era una noche en una habitación del lujoso hotel Manzana Kempinski. La suerte benefició a un joven que pocos días después entró al servicio militar obligatorio.

"Hago lo que hago porque si no reviento y mi arte me salva de estar deprimido en mi casa"

"Hago lo que hago porque si no reviento y mi arte me salva de estar deprimido en mi casa". Ahora mismo Donald Trump "cerró prácticamente la Embajada de Estados Unidos, la conexión wifi en las calles es mala, no hay democracia y hasta mi hijo tiene miedo", deplora.

Otero Alcántara también se queja de los serios problemas económicos que viven muchos cubanos cada día. "No hay para comprarse un par de zapatos, no hay comida, y la única forma que tengo de luchar contra esa depresión es el arte". En Cuba lo que sí hay es "mucho miedo y esa es una herramienta de las más eficaces de este sistema".

El performance con la que denunciaba la retirada del busto del líder comunista Julio Antonio Mella de la conocida Manzana de Gómez generó una intensa polémica que lo llevó a comprobar una vez más que "el arte sí funciona y tiene mucha fuerza. Por esos los dictadores censuran y, a veces, hasta matan a los artistas".

Reconoce, no obstante, que en entre los intelectuales y los creadores hay "mucho oportunismo, porque hay algunos que se desentienden de la gente y reciben un montón de prebendas que otorga el Estado, que ha engatusado a muchos artistas con dinero, casa, posición o poder salir y entrar del país".

“El arte sí funciona y tiene mucha fuerza. Por esos los dictadores censuran y, a veces, hasta matan a los artistas”

Tras el anuncio de la posposición de la Bienal de La Habana, programada inicialmente para el próximo año, Otero Alcántara ha promovido un evento previsto para los días entre el 5 y el 15 de mayo de 2018 y con bajo presupuesto. El proyecto cuenta con el apoyo de espacios alternativos y ve en ese entusiasmo una señal de que se está "rompiendo el miedo".

Recientemente el artista publicó un provocador video con una supuesta campaña presidencial de candidatos independientes entre los que mezclan desde periodistas, artistas y blogueros hasta opositores con movimientos políticos aunque él, personalmente, aclara no está interesado en un puesto de tal responsabilidad.

"Me gusta levantarme tarde, soy irresponsable, vago, en el arte encontré mi mundo, mi metáfora y es algo muy personal", dice para despejar cualquier tipo de dudas sobre sus expectativas de futuro.

Otero Alcántara quiere dejar claro que disidente, un concepto que aborda con frecuencia en su obra, es el que disiente de la común doctrina, aunque en la Isla "la palabra viene acompañada de términos como gusano" por lo que hay que trabajar para replantear su significado. "El problema no es que el Gobierno te llame disidente, sino que te reprima por serlo, por estar en contra", afirma. "Con la libertad todo se resuelve, la libertad de expresión es vital".

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