Pabellón de Caza, de Sergio García Zamora

La portada del libro 'Pabellón de Caza', de Sergio García Zamora
La portada del libro 'Pabellón de Caza', de Sergio García Zamora

Fuera de La Habana no suelen publicarse ediciones bilingües en Cuba. Mucho menos de la obra de autores nuestros aún en activo. Mas Santa Clara es la Barcelona de la Isla, y Sed de Belleza, la editorial de la Asociación Hermanos Saíz de esta ciudad, es en consecuencia punto y aparte en este país.

Si usted alberga dudas sobre lo que hasta ahora llevo dicho, busque este poemario: Pabellón de Caza o Shooting Lodge, de Sergio García Zamora, traducido con bastante acierto por su hermano Elieser. Toda una pequeña joya, de la que le aseguro no debe usted privarse si de veraz disfruta del acto de la lectura.

Como todo joven que ha tenido una carrera meteórica, Sergito ha debido enfrentarse a los resquemores de un medio, el literario, que no suele dejarle espacio con facilidad a los nuevos ingresos. Mucho más si, como en el caso de este enfant terrible, el proceso de incorporación se ha asemejado más a un asalto, en el que el nuevo ingreso se abalanza y se hace de un lugar con sus codos; o más bien con su innegable estro poético. Son esos resquemores la razón de las nunca abiertas acusaciones de plagio. Hechas siempre, por cierto, a sus espaldas.

Acusaciones a las que con suprema habilidad se enfrenta en el prólogo de este libro. Sí, es cierto, he copiado, nos dice en esencia, pero lo he hecho en el espíritu de aquella frase de Borges: "Quienes minuciosamente copian a un escritor, lo hacen impersonalmente, lo hacen porque confunden a ese autor con la literatura". Y agrega Sergito: "Mi juventud me condena y me justifica. En un tiempo anterior al moderno concepto de originalidad, no tendría pecado. Las coplas de Jorge Manrique y las tragedias de Shakespeare, cuyos temas y formas fueron tomadas de otros, han sobrevivido a la prueba".

Todo el prólogo es de por sí una bien montada pieza de contraataque retórico. No solo hace referencia a que sus críticos, tan adictos a discursos postmodernos, echan mano de modo inconsecuente a un concepto moderno de la originalidad solo para tener desde donde atacarlo. Pero no se queda ahí. Sergio les enrostra su evidente incultura, la estrechez de capilla literaria en que los unos solo se leen a los otros, y nada más allá: Él copia, quizás, pero no de ciertos poetas de la generación de los ochentas, ya venidos a menos. En todo caso solo cabe decirse que él lo hace de las mismas fuentes que aquellos: Robert Frost, Ted Hughes y John Kinsella.

Aunque no soy ni mucho menos un conocedor profundo de aquellos poetas anglófonos, me niego a creer que Sergito copie a alguien

Sin embargo, aunque no soy ni mucho menos un conocedor profundo de aquellos poetas anglófonos, me niego a creer que Sergito copie a alguien. Para mí solo ha tomado formas ajenas para conseguir sacar afuera su vasto universo interior. Algo que todo joven que tenga algo que decir deberá siempre hacer, mientras el mundo sea mundo. Formas, no obstante, que ya es evidente en este poemario él ha reconvertido en propias.

Pabellón de Caza es sin dudas un bestiario muy personal. El exergo de Luis Rogelio Nogueras con que se abre el libro nos descubre sus claves esenciales: "Algo queda en el cazador del miedo de la presa". El poeta constata a la altura de un cuarto de siglo recién vencido, mucho de lo que lo Otro, lo externo, ha ido sedimentando en su alma. Sus experiencias de un mundo que él, desde la posición semiurbana en que se ha desarrollado la mayor parte de su vida, en medio del Periodo Especial, percibe en una muy personal mezcla de elementos pre y post industriales.

He ahí el porqué de ese tan logrado efecto de un afuera cargado de espiritualidad, de vida propia, al que sin embargo el poeta, por más que lo desee, ya no podrá volver a reintegrarse. Ese inexorable destino del hombre individualizado, expulsado por ello mismo del paraíso de lo difuso e interconectado, en que se desenvolvían los días de los hombres de antes de la historia, es evidente en el poema con que se cierra el libro, Memorias de la Bestia.

Recomendamos este poemario incluso a lectores anglófonos, ya que ni la traducción sufre de castellanización, ni tampoco los poemas pierden mucho en traslado de una lengua a la otra. Gracias, en no poca medida, a la labor de corrección de Edelmis Anoceto.

Por último, deseo salir al paso de quienes acusan a Sergito de poeta gentil con las instituciones, de desconectado de la realidad de su país. A ellos les pregunto: ¿Han leído, por ejemplo, el poema Ganado Mayor de este libro?

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