Reírse para no llorar en el Karl Marx

'Relacioncidio' triunfa en el Teatro Karl Marx de La Habana. (Facebook/¿Jura decir la verdad?)
'Relacioncidio' triunfa en el Teatro Karl Marx de La Habana. (Facebook/¿Jura decir la verdad?)

Flaco, desgarbado y ocurrente, el personaje de Chivichana ha vuelto a poner en ridículo los asuntos más serios de la cotidianidad cubana. Esta vez, a través del espectáculo Relacioncidio, que desde mediados de enero se presenta en el teatro Karl Marx de La Habana y en el que "se toma por los cuernos" algo tan serio como las zonas de acceso wifi a internet abiertas durante el último medio año.

La puesta en escena del proyecto ¿Jura Decir La Verdad?, inspirado en el legendario programa radial La tremenda corte, se centra esta vez en los inquilinos de un solar habanero a quienes el hábil Chivichana ha prometido instalar una red inalámbrica para conectarse a la gran telaraña mundial. Al final, todo resulta ser una gran estafa al estilo de lo que ocurre en la realidad con las nuevas ofertas de la Empresa de Telecomunicaciones de Cuba S.A. (Etecsa).

Las 6.750 butacas del teatro habanero se han llenado con quienes buscan reírse –para no llorar– de la congestión en el acceso a internet, los carteles que aparecen en el navegador de la computadora cuando el servicio de Nauta colapsa o de los altos precios de una hora de navegación a través de la red del monopolio estatal de telecomunicaciones.

Relacioncidio no es un humor simbólico y con pretensiones intelectuales, sino duro e incisivo como el pinchazo que produce en el bolsillo tener que pagar dos días de salario por una hora de acceso a internet

El espectáculo está producido por el Centro Promotor del Humor, con guion de Otto Ortiz, Aleanys Jáuregui y el propio Ulises Toirac, quien interpreta el papel de Chivichana. Destacan también en el elenco la carismática Aleanys Jáuregui en la piel de Cuquita la Mora, Hilario Peña como Juez, Geonel Martín en funciones de Secretario, Otto Ortiz haciendo las veces de Pipo la Tranca y José Téllez encarnando a El Nano.

Una larga enumeración de los achaques que padece el servicio de navegación Nauta da inicio al espectáculo en voz del secretario del tribunal. La retahíla de calamidades se corta de imprevisto cuando el personaje aclara que toda la culpa es responsabilidad de la versión de Windows que muchos usuarios han instalado en sus computadoras. La sala estalla en risas incontroladas tras esas declaraciones.

Las críticas no paran ahí. Continuas alusiones a las relaciones del Gobierno de Cuba con las autoridades de Estados Unidos salpican la función. "Ya no son tan malos", se atreve a decir Pipo la Tranca, acompañado del aplauso de un público que creció en su mayoría bajo consignas antiimperialistas y ahora ve, con sorpresa, las fotos de Raúl Castro estrechándo la mano a Barack Obama.

La compañía hará más pases este fin de semana después de que las entradas se hayan agotado a diario. (Facebook/¿Jura decir la verdad?)
La compañía hará más pases este fin de semana después de que las entradas se hayan agotado a diario. (Facebook/¿Jura decir la verdad?)

"Tantos años hablando mal de ellos... ", recalca el indiscreto personaje, y la carcajada vuelve a llenar la platea, los balcones y hasta sonríen las acomodadoras de la sala. Porque Relacioncidio no es un humor simbólico y con pretensiones intelectuales, sino duro e incisivo como el pinchazo que produce en el bolsillo tener que pagar dos días de salario por una hora de acceso a internet.

Sin embargo, el espectáculo humorístico no se queda en las frustraciones que provoca el mal servicio de Etecsa, sino que va más allá y hunde el bisturí en los elevados precios de los productos agrícolas, los excesivos impuestos sobre el sector privado y la avalancha de famosos estadounidenses de visita en la Isla.

Rihanna, Beyoncé y Katy Perry son mencionadas para evidenciar los privilegios de los que gozan los foráneos frente a los nacionales. En ese momento a muchos en el público les saltan las lágrimas.

Pipo la Tranca remata el tema al comentar que los artistas "americanos" introducen a través de la aduana 40 o 50 maletas sin contratiempos, pero los cubanos cometen el error de traer "gusanos" (un tipo de maletín). "Aquí todo el mundo sabe el problema que hay con los gusanos", aclara el personaje entonces.

El teatro estalla en un aplauso que viene de la tristeza por la experiencia de un país donde la emigración o una simple conexión a internet es vivida como un trauma.

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