El cine norcoreano despierta incredulidad en La Habana

El cartel de la película norcoreana 'Campánula'.
El cartel de la película norcoreana 'Campánula'.

Después del conflicto bélico, el protagonista "se ofrece a plantar voluntariamente en las montañas las posturas de árboles que fueron destruidas por la guerra contra los imperialistas". Esta historia no pertenece a la peor literatura del realismo socialista que se intentó implantar en Cuba, sino a la sinopsis de una película de Corea del Norte que por estos días se presenta en La Habana en el céntrico Multicine Infanta.

La muestra recoge una decena de filmes producidos en la tierra de Kim Jong-un y ha sido acogida con indiferencia e incredulidad por el público de la capital cubana. Las salas vacías y algunas risitas contenidas son todo lo que han logrado los organizadores de este evento cultural, más motivado por el compromiso político con la "hermana nación" que por la calidad artística de su filmografía.

Este miércoles, el último día del ciclo de cine, los espectadores podrán acercarse a Campánula, un drama que narra la historia de Jin Song Rim, quien ayuda a construir una aldea, "convirtiéndola en un lugar donde el pueblo pueda vivir felizmente", se asegura en la sinopsis de la película que se exhibe a la entrada del cine.

El culto a la personalidad de los miembros de la dinastía política de los Kim ha sido una constante en todas las películas proyectadas hasta ahora. En sus historias son tratados como líderes supremos que nunca se equivocan y por los cuales todo un pueblo está dispuesto al sacrificio.

No en vano, el cine en Corea del Norte fue un arma propagandística explotada hasta el paroxismo por Kim Jong-Il, padre del actual líder norcoreano, que incluso llegó a secuestrar al director Shin Sang-Ok y la actriz Choi Eun-Hee, muy populares en Corea del Sur, con la intención de construir su Hollywood particular. Ambos escaparon en 1986, después de ocho años de trabajo cautivo para el "Amado Líder", y pidieron asilo en Estados Unidos.

El culto a la personalidad de los miembros de la dinastía política de los Kim ha sido una constante en todas las películas

El lenguaje de adoración –casi religiosa– que emplean los personajes al referirse a Kim Il-sung, su hijo y su nieto, ha provocado algunas carcajadas en el escaso público que se ha adentrado en las salas.

"Los mendigos vienen a dormir y las parejitas a besarse, pero pocos miran lo que ocurre en la pantalla", explica Ramón Carvajal, asiduo seguidor de los ciclos temáticos de filmografía internacional. El hombre ha asistido al menos a cinco de las proyecciones norcoreanas y asegura que "hace rato" no se encontraba con "un cine tan surrealista, tan poco creíble".

El cinéfilo, de 41 años, señala a Sobre la alfombra verde como una de las peores cintas presentadas. La película aborda el movimiento del giro con las manos en la cintura que los niños de 7 u 8 años deben realizar en "la gran gimnasia corpográfica". "Me recordó a cuando era niño y Fidel Castro visitó Corea del Norte; a su regreso se desató una furia de tablas gimnásticas en las escuelas, en las que se nos exigía movernos de forma cronometrada", rememora.

Sin embargo, otra espectadora frecuente de la sala asegura que "la más absurda de todas estas películas ha sido Esperamos su orden". La cinta detalla como bajo el mando del Comandante Supremo unos marineros deben "aniquilar con la superioridad de la ideología la estrategia y tácticas de las flotas del enemigo".

A las afueras del Multicine, este martes, una madre preguntaba si alguna de las películas norcoreanas era para niños. "Cuidado señora, que su hijo va a salir de ahí marchando a paso de revista", jaraneaba otro cliente que leía la cartelera.

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