“La danza es toda mi vida”, dice una de las ganadoras del Vladimir Malakhov

Inés María Preval Castellano, bailarina que se adjudicó el Grand Prix, junto a Vladimir Malakhov
Inés María Preval Castellano, bailarina que se adjudicó el Grand Prix, junto a Vladimir Malakhov. (14ymedio)

La segunda edición del concurso de Danza del Atlántico Norte-Codanza y el Grand Prix Vladimir Malakhov concluyó en la madrugada de este domingo en Holguín con la entrega del mayor galardón a los bailarines Yamilka Delsalles y Rafael Doimeadios de la Compañía Codanza, de esta ciudad, que lo compartieron con Inés María Preval Castellano de la Compañía Médula, de Guantánamo.

Los participantes compitieron también por los premios a la coreografía y a la mejor agrupación, así como por dos becas de estudio con las compañías Alvin Ailey, de New York, y Jeoffrey Ballet, de Chicago, además del galardón otorgado por el público.

Médula de Guantánamo recibió el reconocimiento como mejor compañía y el premio Codanza fue compartido entre los bailarines Lilian Padrón y Ernesto Alejo. El público, por su parte, galardonó a la compañía Codanza, que obtuvo 121 votos de un total de 559 boletas escrutadas. Además se otorgaron dos distinciones especiales a los bailarines Jesús Áreas y Armando Gómez.

Integraban el jurado el ucraniano Vladimir Malakhov, estrella del ballet mundial y promotor del concurso; el chileno Paul Seaquist, su mánager y empresario internacional de ballet; y Silvina Fabars, Premio Nacional de Danza 2014. El certamen duró diez días y presentó 32 obras, con la participación de 75 bailarines de cinco compañías cubanas, a las que se sumaron participantes de República Dominicana, Suiza, Panamá y Uruguay. También se ofrecieron talleres, conferencias y clases magistrales impartidas por Vladimir Malakhov y otros especialistas de alto prestigio de la danza en Cuba.

Muy emocionada por su premio, Inés María Preval Castellano, declaró a 14ymedio que se preparó “intensamente durante un año”, cuando empezó con el colectivo de Médula. Explicó que no se formó en una escuela de arte y que adquirió de “forma empírica” sus conocimientos. “Desde niña me gustó bailar; a las 12 años estuve en un proyecto de aficionados en el poblado de Caimanera, donde vivo, y a los 18 entré a la compañía Danza fragmentada”.

“La danza me reconforta y es toda mi vida”, dice esta guantanamera, que cada día viaja 25 kilómetros desde su pueblo hasta la cabecera de la provincia para dedicarse a su pasión.

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