Un documental trae de regreso al escritor Severo Sarduy

'Severo secreto' fue proyectado este martes en la 16 Muestra Joven del Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos

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Proyección del documental 'Severo secreto' este martes en La Habana. (14ymedio)

Las imágenes de una calle camagüeyana o de un café parisino componen los pedazos de un escritor que el exilio y la censura fragmentaron. Durante casi una década los directores Oneyda González y Gustavo Pérez recopilaron testimonios sobre Severo Sarduy (1937-1993) para dar forma al documental Severo secreto que este martes se proyectó en la 16 Muestra Joven del Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos (ICAIC), en La Habana.

En la sala (casi vacía) del cine Chaplin se reunieron frente a la pantalla críticos de cine, escritores y algún que otro transeúnte en busca de un lugar oscuro para dormir, como si el más reciente acto de irreverencia de Sarduy consistiera justamente en seguir siendo un enigmático creador en la distancia.

Afuera, el sol inclemente de abril llenaba cada recodo de La Habana, pero en la penumbra del cine el rostro de un mulato achinado emergía de la pantalla. El muchacho, que con solo 15 años publicó el poemario Tres y que poco después se mudó a la capital bajo el imperativo familiar de hacerse médico, fue cobrando forma y voz frente a los escasos espectadores que se acercaron hasta la sala.

Allí estaba representado, gracias al séptimo arte, el Sarduy de los años prohibidos, cuando sus libros llegaban de manera clandestina a la Isla y pasaban de mano en mano o se forraban con hojas de revista para no ser detectados

Allí estaba representado, gracias al séptimo arte, el Sarduy de los años prohibidos, cuando sus libros llegaban de manera clandestina a la Isla y pasaban de mano en mano o se forraban con hojas de revista para no ser detectados. El escritor cubano siempre se rió de las definiciones que pretendían enmarcarlo y escapó de la insularidad en todos los sentidos: el geográfico y el ideológico.

Los cineastas persiguieron la estela del poeta y narrador por ciudades de Estados Unidos y Europa, hasta localizar a quienes compartieron sus momentos de fina ironía o de notable erudición. Una especial atención mereció su vida en Francia, donde el camagüeyano dio forma a siete novelas, cuatro libros de poesía y otros tantos de ensayo, además de varias piezas de teatro.

Los directores declararon a la prensa camagüeyana que ese periplo los ayudó a descubrir cuánto emocionaba a Sarduy viajar y cómo ese entusiasmo "lo llevaba a hacer las maletas a cada rato". Para Oneyda y Gustavo el trayecto de recopilar las historias fue "mucho más que un viaje físico, es un viaje a lo más profundo de nosotros mismos y a la gracia de su herencia".

El film recoge los días en los que conoció a François Wahl, amigo y editor de Roland Barthes, quien lo introdujo en el mundo de la intelectualidad parisina con el que quedó subyugado y que tanto influyó en su obra.

Junto a los testimonios, la figura del escritor va tomando forma a través de las imágenes de archivos y los parajes que frecuentó. A la reconstrucción se suman las anécdotas, tan vastas y variadas, de quienes compartieron con él distintos momentos de su vida, como el actor Eduardo Martínez, de la compañía teatral El ciervo encantado.

Los realizadores fueron fieles al precepto de Sarduy de que la historia de un hombre no tiene que ser contada necesariamente en en orden cronológico, como cuando en la serie de seis textos Arqueología de la piel narró pasajes de su vida a través de las cicatrices que habían quedado grabadas en su piel.

De esa misma manera, González y Pérez, indagan sobre las lastimaduras y marcas de su existencia a través de esos amigos, colaboradores o conocidos en quienes el escritor dejó una huella. Hablan médicos, poetas, catedráticos y escritores, y de vez en cuando irrumpe la voz del propio Sarduy como si no quisiera que lo dejaran fuera de la fiesta donde es el principal homenajeado.

Hablan médicos, poetas, catedráticos y escritores, y de vez en cuando irrumpe en cuando irrumpe la voz del propio Sarduy como si no quisiera que lo dejaran fuera de la fiesta donde es el principal homenajeado

El documental se estrenó en la 38 edición del Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano, celebrado el pasado diciembre, y ha regresado a las salas habaneras porque "ha tenido muy pocas exhibiciones", según aclaró antes de la proyección Mijaíl Rodríguez, miembro de la junta directiva de la Muestra Joven.

El crítico Dean Luis Reyes afirmó que la obra pudo ser realizada gracias "a múltiples actos de amor y solidaridad". En su opinión Sarduy es "uno de los creadores más importantes" de las letras nacionales pero "desgraciadamente es un enorme desconocido en Cuba". Severo secreto sirve como "una especie de mapa de una zona de la cultura cubana" de la cual "apenas hemos tenido noticias".

Casi al final de documental el escritor y dramaturgo Antón Arrufat contó un sueño recurrente en el que aparece sentado en el Paseo del Prado junto a Sarduy. Frente a ellos pasan todos aquellos amigos que partieron al exilio y nunca regresaron a la Isla.

La anécdota, en medio de la oscura y casi vacía sala del cine Chaplin, dejó en el aire esa sensación de choteo y genialidad con la que Sarduy labró su nombre en las letras cubanas. Esa pícara manera con la que puso por escrito los grandes dramas de la existencia humana y de su propia vida:

Volveré, pero no en vida
que todo se despelleja
y el frío la cal aqueja
de los huesos...

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