De editoriales petrificadas y emprendedores cartoneros

Se ha vuelto una costumbre escuchar a los escritores cubanos hablar con sorna de los llamados "colchones editoriales". Se trata de listados de libros a partir de los cuales se conforman los planes de publicación de una editorial, pero hoy, si su libro está incluido en el colchón de una editorial, ya no es garantía de triunfo para el autor, ni siquiera de publicación real.

En los últimos años, los productos audiovisuales y los videojuegos han desplazado al libro, que ha dejado de ser un bien de consumo prioritario. Cada vez más prescindibles, los manuscritos engrosan los colchones que crecen y se petrifican mientras las publicaciones de las casas editoriales se hacen más exiguas debido a que los planes ambiciosos y las grandes tiradas no tienen el éxito comercial de antaño.

La mayoría de las grandes casas editoriales del mundo, las que han sobrevivido a la quiebra del negocio, apuestan ahora por los libros electrónicos para mejorar sus cuentas de resultados. Cuba no escapa a esta tendencia. A pesar de las limitaciones tecnológicas en la Isla, ya se pueden encontrar libros electrónicos cubanos en la web.

¿Qué hacen los escritores en medio de esta situación? Muchos han abandonado la idea de ser publicados por las editoras tradicionales, incluso en el formato de e-book, y se lanzan de lleno hacia la autopublicación. Se incrementan así los blogs de autor o de grupo literario y las revistas electrónicas, aunque la mayoría de los escritores cubanos no tiene acceso a estas alternativas por la escasa conectividad de la Isla.

Una nueva modalidad está tomando auge en varios países bajo el nombre de "editoriales cartoneras". Son producciones manuales que usan materiales reciclados y hacen tiradas pequeñas. Los escritores son, en la mayoría de los casos, los artífices de estas editoriales alternativas. Ellos mismos participan en la edición, diseño, confección y hasta comercialización de su propio libro. Poco a poco las producciones cartoneras se consolidan y llegan a las manos de los lectores que aún buscan libros impresos.

Los intentos de desarrollar editoriales de este tipo aún son tímidos en Cuba. Es una opción liderada por románticos, jóvenes y audaces escritores que trabajan sin descanso pero también sin remuneración. Para comercializar un libro cartonero en un país donde el negocio editorial es propiedad absoluta del Estado, es necesario asociarse con una editorial estatal o con el Instituto Cubano del Libro. Pero entonces los proyectos dejan de ser independientes. Crear una editorial propia resulta imposible legalmente, puesto que esta actividad no figura en la lista de licencias por cuenta propia ni en la de cooperativas no agropecuarias.

Sin embargo, la aparición en Cuba de cartoneras ha puesto sobre la mesa las falencias del sistema editorial al mismo tiempo que plantea la necesidad imperiosa de legalizar las publicaciones independientes, que responden directamente a los intereses de algunos autores.

Estos proyectos no tendrían por qué estar condenados a ser sólo sueños de jóvenes idealistas. Les toca dar la batalla para conquistar el derecho de existir legalmente de forma autónoma. Tienen algo a su favor: a diferencia de las editoriales tradicionales con sus manuscritos petrificados, ellos sí pueden ofrecer libros al público cubano, aunque sean de cartoneras.

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