La rareza llega al cine cubano

'Caballos', de Fabián Suárez, y 'Espejuelos oscuros', de Jessica Rodríguez, dos películas cubanas de impecable factura e inusual enfoque

Los carteles de las películas 'Caballos' y 'Espejuelos oscuros'. (Luz Escobar)
Los carteles de las películas 'Caballos' y 'Espejuelos oscuros'. (Luz Escobar)

La cinta Desde allá, del director venezolano Lorenzo Viga, se alzó el domingo con el máximo galardón en el apartado de mejor ópera prima en el Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano de La Habana. La obra debió superar una fuerte rivalidad con otras producciones, entre ellas dos películas cubanas de impecable factura e inusual enfoque: Caballos, dirigida por Fabián Suárez, y Espejuelos oscuros, de Jessica Rodríguez.

Ambos son filmes en las que sus jóvenes directores apostaron por el riesgo a la hora de elegir la forma en la que contar las historias. Si Suárez se apoya en la belleza de las imágenes y la exquisitez del sonido, junto a una imponente banda sonora, Rodríguez hace diana con un guion sólido, con diálogos fluidos y las inmejorables actuaciones de Luis Alberto García y Laura de la Uz.

Caballos se inclina hacia la "no pasión", algo inusual en un cine cubano que muchas veces busca la emotividad a cualquier precio. No obstante, la cinta transmite una fuerte carga de melancolía y soledad a través de imágenes sublimes por su fría perfección. La música de Roberto Fonseca ayuda a entrar en ese mundo construido en blanco y negro, con unos personajes de los cuales no se sabe prácticamente nada.

Salomón, uno de los protagonistas, se cuela en la historia y funciona como hilo conductor para no perderse en un mar de desapegos. Para agregar singularidades a la trama, la relación de Galaxia y Robi tiene su clímax en una llamada telefónica desde el extranjero, donde la mujer habla en francés.

Con la construcción del mitin en 'Espejuelos oscuros', se remarca la normalidad en el horror y la insensibilidad de la represión

Suárez no se molestacuando muchos califican como "rara" su ópera prima, y echa mano de esa singularidad para acercarse a temas como la homosexualidad y la emigración. El trabajo de Javier Labrador en la fotografía y de Rubén Valdés en el sonido ayudan a superar el abismo que separa al público de los distantes personajes y lo mete de lleno en la historia.

Jessica Rodríguez, en Espejuelos oscuros, se apoya en una detallada recreación de la casa de Esperanza, una mujer ciega de mediana edad que vive sola. La dirección de arte, de Alexis Álvarez, sobrevuela por cada detalle decorativo del hogar. La protagonista narra tres historias para distraer el apetito sexual de un prófugo que se cuela en su vivienda. El denominador común de cada uno de los cuentos es la traición.

Dentro de un ambiente extraño, quizá onírico, se rememora un inusual acto de repudio contra un gusano, cuya falta era cartearse con un hermano exiliado. El mitin es esperpéntico: las personas se quedan en su sitio, apenas manoteando, y gritan, pero los alaridos no les desfiguran el rostro. Con esa construcción, se remarca la normalidad en el horror y la insensibilidad de la represión.

Entre los mayores aciertos de Espejuelos oscuros está, sin duda, la elección de Laura de la Uz para el personaje de Esperanza. La actriz logra levantar un personaje sólido que, al concluir la película, deja bien claro que es ella, y nadie más, la que lleva las riendas en la historia.

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