Retrato de un hombre reacio al comunismo y al capitalismo

Se estrena en España la película 'Memorias del desarrollo', del director cubano Miguel Coyula

Fotograma de Memorias del desarrollo, de Miguel Coyula
Fotograma de Memorias del desarrollo, de Miguel Coyula

En la obra de Miguel Coyula todo vale. Fotos antiguas, artículos de periódicos, fragmentos de documentales, collages y animaciones dan vida a un largometraje que, como el director cubano advirtió este lunes en el preestreno en España de Memorias del desarrollo, está diseñado para "tener un diálogo con las imágenes".

Fragmentos de vivencia personal y recuerdos de la historia colectiva de la Isla y de EE UU de los últimos cincuenta años confluyen en la adaptación para la gran pantalla de la novela homónima de Edmundo Desnoes, segunda parte de un díptico iniciado con Memorias del subdesarrollo en 1967.

La palabra "intensidad" es el hilo conductor de la historia protagonizada por Ron Blair, que retrata la crisis de mediana edad de un intelectual cubano que abandona la Isla y que no es capaz de encajar en el mundo desarrollado.

"Es un hombre incapaz de funcionar tanto en el comunismo como en el capitalismo", destaca el director ante el público de Casa de América de Madrid. "Es el reflejo de una generación que ya no confía en la política, apática, desencantada y decepcionada". El realizador subraya que no se trata del drama interior de un pequeño burgués que no se adapta a la revolución, sino de un individuo de mediana edad incapaz de funcionar en la sociedad de acogida, que además se enfrenta al paso del tiempo y al deseo, intentando escapar de las ataduras.

El protagonista, según el director, “es el reflejo de una generación que ya no confía en la política, apática, desencantada y decepcionada”

La gramática visual del filme, en la que las imágenes se mezclan continuamente en un juego de influencias que va desde la obra de Jean-Luc Godard hasta los cómics y los dibujos japoneses, choca con la alienación y la pasividad del protagonista. "Manipular documentos históricos a través del collage y de la animación me ha permitido reelaborar los elementos con los que he sido bombardeado durante años", explica el realizador. "Esta construcción hace que la tensión escale tanto en el guión como en las imágenes".

El rodaje del filme, en el que actúan también Susana Pérez, Lester Martínez, Eileen Alana, Jorge Alí, Dayana M. Hernández y Jeff Pucillo, duró cinco años y se apoyó en un presupuesto de apenas 50.000 dólares. "Hay que sentir una escena antes de grabarla", sostiene el director, "luego, durante la edición, puedes pasar a intelectualizarla".

La falta de un rígido guión preestablecido antes de las grabaciones, añade, hizo posible que muchas ideas surgieran sobre la marcha y se incluyeran en el rodaje. "Si la película se hubiera hecho en menos tiempo, quizás muchas cosas no se me habrían ocurrido. Tenía muy claro que quería contar las vivencias de un cubano en el mundo, pero quería buscar nuevas formas de hacerlo, a través de muchas estéticas distintas". El resultado, admite, es un producto que no está destinado al gran público, que se nutre de infinitos géneros e influencias y que muchas veces no encaja con lo que se suele esperar del cine latinoamericano.

Memorias del desarrollo, su segundo largometraje tras Cucarachas rojas (2003), se estrenó en el Festival Internacional de Cine de Sundance (EE UU) en 2010 y, desde entonces, ha cosechado numerosos reconocimientos en todo el mundo, como la biznaga de plata para mejor director en el Festival de cine de Málaga en 2011 o el premio del público como mejor película extranjera en el Arraial Cinefest (Brasil) en 2012, entre otros.

Pese a su éxito a escala global, la película en Cuba tuvo que enfrentarse a lo que el realizador define como “censura moderada”

Pese a su éxito a escala global, la película tuvo que enfrentarse en Cuba a lo que el realizador define como "censura moderada". El filme llegó a proyectarse en el Festival de Cine de La Habana en la edición de 2010, pero se programó para las dos de la tarde en una sala de difícil acceso y se mantuvo fuera de la competencia. El diario Granma publicó una crítica bastante ambigua, que invitaba a interpretar la obra a través del prisma de la revolución.

El filme volvió a proyectarse una vez más en la Isla, en la sala Chaplin de la capital, donde tuvo una muy buena acogida por parte del público. "Los espectadores aplaudieron especialmente la escena en la que el protagonista dialoga con un bastón dirigiéndose a él como si fuera Fidel Castro. Quizás mantener esa conversación sea la fantasía de muchos cubanos", bromea el director.

Después de disfrutar de dos becas en EE UU, Coyula volvió a la Isla y desde hace dos años y medio se ha volcado en un nuevo proyecto. Su próximo largometraje, Corazón Azúl, – presentó un extracto de unos 15 minutos al público de Casa de América– abordará una historia de ciencia ficción, en la que Cuba, con el apoyo de China, experimenta en la manipulación genética para la construcción del Hombre Nuevo.

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