Ali y Stevenson, sobre el ring de la eternidad

A sus 25 años, en 1967, el boxeador norteamericano Muhammad Ali ya era una celebridad. (EFE)
A sus 25 años, en 1967, el boxeador norteamericano Muhammad Ali ya era una celebridad. (EFE)

El secretario general de Naciones Unidas, Ban Ki-moon, lamentó el sábado la muerte de Muhammad Ali, quien fue nombrado mensajero de paz de ese organismo internacional y considerado por muchos como el mejor boxeador de todos los tiempos. Cassius Marcellus Clay, como se llamó hasta su conversión a la fe islámica, será enterrado el próximo viernes en su ciudad natal, Louisville, donde lo veneran como un hijo universal.

Hace poco más de dos meses, en el discurso que pronunció durante su visita a Cuba, el presidente de EE UU, Barack Obama, recordó: "Nuestro más grande boxeador, Muhammad Ali, rindió tributo a Teófilo Stevenson, un rival con el que nunca pudo pelear".

Las especulaciones crecieron en torno a una pelea que los amantes del boxeo esperaron en vano durante largo tiempo. La experiencia profesional de Ali, diez años mayor, podría haber inclinado el resultado a su favor ante Stevenson, según varios expertos, pero la incógnita nunca llegará a resolverse.

Otros, sin embargo, están convencidos de que ese combate siempre tuvo pocas probabilidades de realizarse, principalmente a causa de la política deportiva del régimen cubano, definida por Fidel Castro, que había condenado a ultranza el profesionalismo y trataba a los atletas como si fueran soldados.

Si bien Stevenson llegó a asegurar en 1991 que, de haber ocurrido el desafío, él hubiera sido el triunfador, años más tarde, con mayor sensatez, confesó estar de acuerdo con su amigo, quien reiteró en varias ocasiones que la pelea hubiera acabado en empate.

Stevenson prefirió ser “rojo antes que rico”, rechazando una y otra vez las pasmosas proposiciones que le hicieron durante su plenitud

Casi a modo de caricatura del combate del siglo, no obstante, los dos grandes púgiles intercambiaron algunos amagos de puños sobre una tarima, durante una visita del norteamericano a La Habana para donar medicamentos, en 1998, y se abrazaron como sello de amistad y mutua admiración. Ali se había retirado en 1981, a punto de cumplir 40 años, y Stevenson en 1986, con 34.

Ambos terminaron sus respectivas carreras dejando una brillante estela de triunfos, medallas y adoración en el mundo, pero Ali fue atrapado de inmediato por el mal de Parkinson, que ya antes había comenzado a revelar algunos síntomas y cuya causa principal, según muchos médicos, fueron los golpes recibidos en sus últimos combates, generalmente muy duros.

Stevenson, que pocas veces fue castigado con inclemencia, se retiró en mejores condiciones físicas, pero tampoco para él llegó una jubilación dichosa después de bajar de la gloria y de haber preferido ser "rojo antes que rico", rechazando una y otra vez las pasmosas proposiciones que le hicieron durante su plenitud. Cuando le prometieron cinco millones de dólares por un desafío profesional, declaró preferir "el cariño de ocho millones de cubanos".

Stevenson nunca habría peleado como profesional en contra de la voluntad de Fidel Castro. Gracias a esa lealtad y a la consideración que despertaron sus pasadas hazañas, a Stevenson se le permitía en Cuba mucho más que a un ciudadano cualquiera y que a no pocas superestrellas, a pesar de su afición por la bebida, mezclada muchas veces con la violencia.

Stevenson nunca habría peleado como profesional en contra de la voluntad de Fidel Castro

En sus últimos años, era común verlo por los alrededores del habanero reparto Flores como un zombi con estrujada guayabera blanca, incongruente pantalón deportivo y ridículo calzado, con los ojos vidriosos por el exceso de tragos. Su Lada ruso no podía estar más destartalado, como su aspecto físico. A raíz de su fallecimiento por un ataque al corazón, en 2012, la televisión emitió un documental que mostraba un hombre avejentado, incoherente y que se enredaba al hablar.

A pesar de no haber chocado nunca puños sobre un ring, Muhammad Ali y Teófilo Stevenson tuvieron muchos puntos de confluencia. En sus horas más inspiradas, peleaban por algo más grande que ellos mismos y que su gloria personal. Ali quería poner en alto la religión islámica y su país, mientras Stevenson procuraba enaltecer la Isla y la Revolución. De cierta manera, cada uno representaba las dos principales rivalidades políticas de la Guerra Fría, la democracia capitalista y el comunismo totalitario.

Muchos veían en aquel cubano apuesto que hablaba en fluido inglés todos los atributos para convertirse en sucesor del norteamericano: buena estatura, un refinado juego de manos y piernas y una pegada letal, además del mismo tipo de carisma que tenía Ali. Físicamente, incluso hubieran podido pasar por hermanos. En el carácter, empero, se diferenciaban bastante. El "bocón de Louisville" era irreverente, excéntrico y provocador. El noqueador del Central Delicias era normalmente tranquilo y afable, campechano.

El boxeador Teófilo Stevenson. (Wikicommons)
El boxeador Teófilo Stevenson. (Wikicommons)

Como ciudadano, Ali fue de las primeras grandes figuras en Estados Unidos que, como objetores de conciencia, se negaron a ir a la guerra de Vietnam y apoyaron reivindicaciones sociales de los negros. Técnicamente también se diferenciaban. Aunque ambos partían de una postura ortodoxa, el desenfadado estilo de Ali se distanciaba de lo tradicional y su entrenamiento resultaba demasiado fuerte, casi destructivo. Stevenson, por su parte, era más conservador y elegante sobre el ring. El coraje los acercaba, ya que el cubano llegó a boxear con un pie herido y Ali con la mandíbula fracturada.

En sus horas más inspiradas, peleaban por algo más grande que ellos mismos y que su gloria personal.

La amistad con Fidel Castro también representaba un punto en común, que en Stevenson llegaba al servicio incondicional. Pero Ali mostró una actitud política más confusa y se codeaba lo mismo con Ferdinand Marcos y Mobutu Sese Seko que con Jimmy Carter y Nelson Mandela.

En cuanto a rivales deportivos, ambos los tuvieron muy buenos: Stevenson a Igor Vysotski y a Ángel Milián; Ali a Joe Frazier, a Sonny Liston y a George Foreman.

Los últimos años y la muerte de estos dos excepcionales púgiles estuvieron, sin dudas, lejos de cualquier similitud. Stevenson, aunque haya disfrutado de algunos privilegios que no tenía el cubano común, pasó los últimos tiempos en un olvido gris, el mismo en que se hundieron muchos otros distinguidos atletas de la Isla que ya no eran útiles para el poder y que ni siquiera necesitaban despilfarrar una fortuna para morir sin nada, rememorando los días de gloria. Quizás el cubano lamentara al final no haber ganado su cuarto oro olímpico porque su amigo Fidel Castro se sumó al boicot soviético contra los Juegos Olímpicos de Los Ángeles, en 1984.

Aquel que nació llamándose Cassius Marcellus Clay, sin embargo, después de una carrera llena de legendarios combates, se retiró para librar, durante casi tres decenios, sin esperanza y sin rendirse, la pelea más difícil de su vida, contra el Parkinson. Cumplió ejemplarmente aquella aseveración de su coterráneo Ernest Hemingway de que el hombre puede tal vez ser destruido, pero nunca derrotado.

Ahora, ambos ensayan en el ring de la eternidad los golpes que nunca pudieron darse en vida.

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