Derrotados los cubanos en la batalla de Culiacán

Un pitcheo hermético y bastante de azar les prohibió la final

Los lanzadores mexicanos permitieron apenas dos imparables para guiar a los Águilas de Mexicali a la victoria. (@AguilasDeMxli)
Los lanzadores mexicanos permitieron apenas dos imparables para guiar a los Águilas de Mexicali a la victoria. (@AguilasDeMxli)

“Cayeron con las botas puestas”, aseguran unos. “Murieron de pie”, dicen otros. También habrá quien crea que “volvieron sobre el escudo”. “Ya son campeones, aunque no hayan ganado el título”, se ha dicho desde antes de que arrancara la Serie del Caribe 2017. Todos tendrán razón de alguna manera.

Los Alazanes de Granma han conseguido el respeto y la admiración de los aficionados del país, incluso de los simpatizantes cuyos equipos fueron derrotados en el camino del oro. Dejaron, además, muy buena imagen en la afición de Culiacán y en sus rivales.

Las entradas para los juegos de lunes y martes se agotaron pronto. En el pasmoso estadio de los Tomateros no cabía un alma. Y dicen que las calles de varias ciudades granmenses estaban casi vacías porque la gente se aferraba al televisor para no perderse el acontecimiento.

Al final, no es la corona lo más meritorio, sino el esfuerzo y la pasión con que se luchó en el terreno. Prueba de ello es que a esta semifinal Alazanes-Águilas de Mexicali se le ha llamado “una final adelantada”. La noche anterior, los granmenses habían blanqueado 4-0 a estos mismos mexicanos que ahora ganaron 1-0.

Al final, no es la corona lo más meritorio, sino el esfuerzo y la pasión con que se luchó en el terreno

De hecho, el último equipo cubano en dar dos lechadas en una Serie del Caribe fue el de los Elefantes de Cienfuegos, cuando ninguno de estos jugadores había nacido antes de que el gobierno cubano decidiera abandonar el deporte profesional. Desde que Cuba volvió a participar en este evento, ninguno de sus equipos ha tenido una actuación tan notable como la de los Alazanes.

Este desempeño no se logró gracias a las virtudes del béisbol cubano actual, sino que se consiguió muy a pesar de sus males y defectos: la pobre formación de los atletas y entrenadores, el encierro descarado en que obligan a vivir a sus jóvenes peloteros, la mediocridad y la miseria que llevan a que muchos de ellos se lancen a la aventura de jugar en el béisbol de otros países —profesional, por supuesto—, y también las prohibiciones que impiden que aquellos triunfadores en otras ligas no puedan jugar en una selección nacional.

Este desempeño no se logró gracias a las virtudes del béisbol cubano actual, sino que se consiguió muy a pesar de sus males y defectos

Si bien el pitcheo de las Águilas se impuso aplastantemente esta vez, en el encuentro anterior ocurrió casi lo contrario. Ahora, en esta semifinal, contra el mismo equipo, se impuso lo que existe más allá de la pasión y el entusiasmo, la solidez de una liga, la calidad que logra un sistema deportivo que no crece de la mano de la demagogia y de los burócratas insaciables.

Los méritos de un pitcher como Lázaro Blanco, por citar un ejemplo, se acrecientan cuando vemos el panorama contra el cual se ha destacado, cuando vemos cómo actuó en los momentos más difíciles y cómo se sintió abrumado de tristeza después de una derrota que, en verdad, dependió más de sus compañeros de equipo que de él mismo. Cuando se fue tras el séptimo inning, había permitido una sola carrera y 4 hits, asestando 5 ponches y regalando solo 3 boletos.

Perdió, así, en un excelente duelo de lanzadores que los aficionados no olvidarán por mucho tiempo, como tampoco olvidarán Miguel Peña, Héctor Daniel Rodríguez ni Jake Sánchez, sus serpentineros rivales, pese a que retiraron a 24 bateadores seguidos y consiguieron así que México se cuele en la quinta final de las Series del Caribe, decidido a recuperar una corona que durante quince años se le ha negado.

Esta noche, a las 9, en la gran final contra los Criollos de Caguas, de Puerto Rico, muchos extrañarán que los Alazanes cubanos no estén más en la hermosa pradera del estadio de los Tomateros.

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