Se apaga el Latino por la final sin los Leones

El Estadio Latinoamericano de La Habana. (Wikicommons)
El Estadio Latinoamericano de La Habana. (Wikicommons)

Arrasando 4-0 con los Leones este jueves, inesperadamente para todos, y asegurando la discusión del campeonato, los Tigres, de paso, le regalaron tremendo juego a su mentor. Roger Machado cumplía 42 años, de ellos unos cuantos dedicados a preparar el camino que ha conducido a Ciego de Ávila al máximo rango de la pelota cubana. Y en el mismísimo templo de Industriales.

El abridor avileño Alberto Bicet, ganador con 6-2, se mantuvo soportando fuego incluso cuando, en la quinta, tras una cómoda ventaja de 5, los azules se pegaron a dos puntos. Frank Montieth, abriendo del otro bando, no concluyó el primer tercio, tolerando dos dobles y dos jonrones, perdiendo el choque y dando paso al relevo de Noelvis Entenza, que no fue suficiente.

En un estadio medio vacío -los fanáticos guardaban pocas esperanzas desde antes-, no fue tan fácil barrer con los azules. No hubo nada seguro ni con Leorisbel Sánchez ni con Yander Guevara. En la séptima, aunque pareciendo acudir muy pronto, de nuevo rescató el supersónico Yennier Cano, con su salvado 13 que apagó el Latino hasta la Serie 56.

Guillermo Avilés, que tanto había impresionado durante la preparación del juego contra el Tampa Bay y llevaba un play off en cero absoluto, bateó de 4-4 para sus Tigres. Mientras, Raúl González se mantuvo produciendo en toda la subserie y el miércoles fue quien decidió el tercer triunfo.

El partido Matanzas-Pinar dio motivos para el olvido por el desorden como espectáculo deportivo y por las decisiones más que dudosas

Javier Méndez, ejemplar debutante de mentor, felicitó a los vencedores. "Fueron muy superiores en todo, ofensiva, pitcheo y defensa. Jugaron casi perfecto y les deseo éxitos", dijo, ofreciendo una lección de humildad: "Después de esta experiencia, respeto mucho más a quienes me antecedieron en esta responsabilidad. Es una tarea muy difícil que traté de desempeñar lo mejor posible".

Como era inevitable, el exjugador de magnífica trayectoria lamentó las "muchas bajas sensibles", seguro de que "eso también influyó en que no se avanzara más", sin dejar de reconocer en ningún momento la superioridad de los Tigres.

Si bien gozaron los bates, el partido Matanzas-Pinar, entre dos equipos líderes en el departamento de pitcheo, dio motivos para el olvido por algunos matices amargos, por el desorden como espectáculo deportivo, por las decisiones más que dudosas.

Que los matanceros igualen un récord de siete jonrones en un partido de postemporada, que nunca hasta hoy en juegos de play off se despacharan nueve cuadrangulares o que tres bateadores -Ariel Sánchez, Jefferson Delgado y William Luis- repitan el logro, no son hitos admirables cuando el talón de Aquiles del béisbol cubano es precisamente el pitcheo. Ningún vuelacercas de Matanzas encontró hombres en base.

Si bien Freddy Asiel dominó muy bien durante cinco entradas a los Vegueros, luego resultó acertada la confianza de Víctor Mesa en Alexander Rodríguez, nada efectivo en la ocasión anterior, aunque este mentor -como Gallardo, el miércoles, con Liván Moinelo- se aferró hasta la humillación a José Ángel García, apagafuegos de ya consagrada carrera, que debió soportar cinco limpias y dos cuadrangulares en solo un inning.

El pitcheo pinareño vino muy débil y el mentor Gallardo, contradiciendo fatalmente lo que con acierto había aseverado el día antes, puso sus esperanzas otra vez en Yosvani Torres

El pitcheo pinareño vino muy débil y el mentor Gallardo, contradiciendo fatalmente lo que con acierto había aseverado el día antes -no abusar de él-, puso sus esperanzas otra vez en Yosvani Torres. Para más perdición, Yordanis Alarcón cometió cuatro de los cinco imputados a los Vegueros.

Como tantas veces, el director de los Cocodrilos hizo lo que quiso, no solo robando cámara cada dos minutos con cualquier pretexto, sino aun haciendo ejecutar actos abiertos de santería en el terreno, sin compasión por los contrarios, quienes no estaban autorizados a tal libertad de culto. Más triste fue el silencio temeroso de los vehementes comentaristas y narradores que, se supone, deben dar cuenta de todo pormenor y de cada injusticia en el espectáculo.

¿Podrá Pinar ganar dos veces en el Victoria de Girón, ahora, donde Matanzas solo pierde un cuarto de los juegos que celebra? Esa hazaña, tan ardua, estaría por ver, pero los Vegueros tienen honda tradición de últimos combatientes.

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