El fabuloso sueño cumplido de Yulieski Gourriel

El éxito del pelotero lleva a preguntarse cuál será la política del Gobierno para el béisbol sin perder de vista que casi siempre que ha habido alguna apertura le ha seguido después un retroceso

 Yulieski Gourriel está considerado uno de los mejores jugadores del béisbol cubano. (EFE)
Yulieski Gourriel servirá como punto de referencia para muchos jóvenes peloteros cubanos. (EFE)

Tres campeonatos del planeta béisbol han atraído durante estos días la atención y la pasión de los aficionados cubanos: la Serie Nacional, la Serie Mundial de las Grandes Ligas y el playoff de la Serie de Japón. En estos dos torneos extranjeros de élite hay jugadores nacidos en Cuba.

En la 57 Serie Nacional, gracias a cierta mejoría de este deporte y al amor renacido de los fans, a los estadios está acudiendo otra vez un público numeroso y jóvenes ídolos ganan la devoción de sus seguidores. Gracias a esto, quizás y entre otras razones, el Gobierno ha accedido a que se retransmitan partidos de la MLB -nunca en vivo- en que juegan aquellos peloteros cubanos que antes consideraba traidores.

Gourriel y Puig habían escapado a Estados Unidos soñando con jugar en la Gran Carpa. Los dos se habían esforzado al máximo para que su conjunto llegara al Clásico de Otoño, pero fue Gourriel el afortunado

Sus nombres no se mencionaban en los medios del país, a diferencia de los que, como Alfredo Despaigne o Liván Moinelo, firmaron contratos en otras ligas con el permiso y bajo las condiciones de las autoridades cubanas. Ambos peloteros, tras un desempeño notable con los Halcones de Fukuoka, acaban de coronarse campeones de la Serie de Japón. Solo dos cubanos lograron ese triunfo antes y puede que sea la primera vez que hay nacionales tanto en el club ganador de la Serie japonesa como en el de la Serie Mundial de la MLB, los Astros de Houston.

En este equipo brilló Yulieski el Piña Gourriel y en los rivales Dodgers de Los Ángeles lo hizo Yasel Puig, Caballo loco. Los dos habían escapado a Estados Unidos soñando con jugar en la Gran Carpa. Los dos se habían esforzado al máximo para que su conjunto llegara al Clásico de Otoño, pero fue Gourriel el afortunado.

Por primera vez, aquellos Colt 45 nacidos en 1962, que luego se hicieron llamar los Astros, conquistaron el mayor trofeo de la MLB, después de ser durante años el hazmerreír de los otros equipos por la enorme distancia abierta entre su nombre y su calidad deportiva, por su decadente Astrodome al estilo de la era espacial y por su uniforme con los colores del arco iris.

La ilusión de Gourriel y su ejemplar conducta se vieron ensombrecidas por aquel gesto de injustificable connotación racista, durante el tercer juego, que le mereció sonoros abucheos del público de los Dodgers y una dura sanción. Pidió luego disculpas de varias maneras y no dejó que el desánimo hiciera palidecer su trabajo.

Cuando salió a batear en el séptimo partido, el cubano se quitó el casco en cortés gesto de respeto hacia Yu Darvish, abridor de los Dodgers. "Me disculpé hoy de nuevo ante todo su público y ante él", declaró más tarde explicando su inesperado gesto. Hay quienes han visto en ese detalle el principio del fin para Darvish, que cargó con la derrota mientras los de Houston cargaban con el trofeo.

Este anillo de Gourriel demuestra también que parece irreversible el regreso triunfal de los peloteros cubanos a los planos estelares de la MLB, en donde ya habían estado en numerosas ocasiones

En cuanto al espirituano, ganaba así el anillo triunfal de la meca del béisbol después de su largo peregrinar por la liga cubana y por la japonesa. Y lo conseguía en su primera temporada completa después de comenzar como "novato" en la Gran Carpa con más de 30 años, algo poco usual por el poderoso ritmo del mejor béisbol del mundo. Para colmo, ha impuesto récord de hits para cubanos en postemporadas.

Gourriel se convierte así en el cubano número 16 que logra un anillo de campeón en la Serie Mundial. Adolfo Luque, primer cubano que participó en un Clásico de Otoño, lo había ganado como lanzador en 1919 con los Rojos de Cincinnati y 14 años después volvió a conseguirlo con los Gigantes de Nueva York.

Este anillo de Gourriel demuestra también que parece irreversible el regreso triunfal de los peloteros cubanos a los planos estelares de la MLB, en donde ya habían estado en numerosas ocasiones durante casi un siglo. "Sencillamente es algo increíble lo que he vivido, es un sueño", declaró Gourriel al final.

Subrayó, además, que su experiencia con la selección de Cuba le había ayudado muchísimo y que las victorias en los Juegos Olímpicos y en el Campeonato del Mundo habían sido para él lo máximo hasta entonces, pero que no había comparación con lo que se siente ganando una Serie Mundial. Ahora su felicidad es completa. Sus 15 años de tantas batallas con el equipo nacional en Cuba le ayudaron mucho para "no asustarme con esta postemporada. Se vive muy intenso aquí, la adrenalina todo el tiempo está al ciento por ciento".

Hay que preguntarse cuál será la política del Gobierno para este deporte sin perder de vista que casi siempre que ha habido alguna apertura le ha seguido después un retroceso

No es difícil suponer que, a partir de ahora, más que antes, el sueño cumplido del Yuli Gourriel servirá como punto de referencia para muchos jóvenes peloteros cubanos. Hay que preguntarse cuál será la política del Gobierno para este deporte sin perder de vista que casi siempre que ha habido alguna apertura le ha seguido después un retroceso que impide alcanzar un punto de no retorno.

Entre los jóvenes jugadores que se disputan la actual Serie Nacional habrá muchos para los que no resulte suficiente la posibilidad de un contrato mediado por la Federación Cubana de Béisbol en la liga japonesa. Soñarán con triunfar en el Olimpo del béisbol, en la Gran Carpa, quizás hasta con envolver sus hombros en una bandera cubana, como Yuli Gourriel. Un sueño que, mientras tanto, también como él, no pueden confesar a nadie.

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