El fútbol como gancho para implicar a los niños de La Habana en la comunidad

Un grupo de niños jugando fútbol en una de las áreas deportivas de La Habana Vieja, en la Habana, como parte de las actividades del proyecto comunitario ‘Barriohabana’. (EFE)
Un grupo de niños jugando fútbol en una de las áreas deportivas de La Habana Vieja, en la Habana, como parte de las actividades del proyecto comunitario ‘Barriohabana’. (EFE)

(EFE).- Dos piedras y un viejo balón es suficiente para que los niños de La Habana Vieja jueguen, a veces incluso descalzos, al fútbol, un deporte que cada vez se vive con más fervor en la isla, una pasión que la iniciativa Barriohabana utilizó como gancho para implicar a niños y jóvenes en la comunidad.

En La Habana Vieja, casco histórico de la capital cubana, entre las manadas de turistas cada vez más numerosas es frecuente toparse con niños corriendo y jugando por las calles; que en muchos casos provienen de familias humildes, sin recursos para actividades extraescolares o culturales fuera del horario escolar.

“Barriohabana surge con la idea de demostrar a esos niños y adolescentes que hay opciones mejores que pasar la tarde en las esquinas y que perder el tiempo no se debe hacer cuando se tiene tanta energía y posibilidades para una mejor vida”, explicó Pavel García, promotor de la iniciativa, que ya cumple tres años.

Pavel y su esposa, Sandra, nativos de La Habana Vieja y padres de dos niños de 6 y 4 años, recorrían las calles del barrio para proponer a los pequeños participar en actividades culturales o visitar alguno de los museos de ese centro turístico, y la respuesta siempre era negativa.

Pavel y su esposa se dieron cuenta de que el fútbol era la fuerza capaz de mover a esos niños y después de proponerles organizar un torneo en el que participaran todas las escuelas

“Te respondían que los museos no son para ellos, que son para gente inteligente o para los visitantes de La Habana”, cuenta el creador de Barriohabana, que se financia con donaciones de instituciones y pequeñas contribuciones de particulares.

Se dieron cuenta de que el fútbol era la fuerza capaz de mover a esos niños y después de proponerles organizar un torneo en el que participaran todas las escuelas del barrio, un centenar de ellos se implicaron en limpiar el terreno de juego, pintar las áreas o pegar carteles.

Tras esa experiencia, que ayudó a forjar un sentimiento de comunidad, muchos de los niños y adolescentes reticentes a pisar un museo, se animaron a descubrir esos lugares, donde aprenden sobre la historia del arte cubano o pintan sus propias obras.

“Descubrimos que el fútbol era una forma de diálogo para esos niños, que no veían otras opciones de ir a otros lugares. (…) Una vez vimos que funcionaba esa dinámica, en la que les dábamos lo que ellos querían y luego aceptaban otro tipo de propuestas; les llevamos a Casas de Abuelos”, relató Pavel.

En las Casas de Abuelos, donde pasan el día los ancianos mientras los familiares a su cuidado trabajan, de manera espontánea los niños empezaron a jugar con ellos al ajedrez, lo que abrió Barriohabana a otros deportes y actividades.

“Me gusta jugar al ajedrez porque es un juego divertido y al mismo tiempo sirve para aprender”, cuenta Fabio, un niño de 6 años que se aficionó el ajedrez gracias a Barriohabana y ya ha llegado a participar en torneos nacionales.

Adrián, de 10 años, descubrió esta iniciativa comunitaria a través del fútbol, pero ahora se decanta por el ajedrez porque le permite “jugar con todo el mundo, grandes o chiquitos, sin importar la edad”.

Una de las iniciativas estrella de Barriohabana son los Juegos de la Amistad, una especie de olimpiadas entre todas las escuelas de La Habana Vieja

Una de las iniciativas estrella de Barriohabana son los Juegos de la Amistad, una especie de olimpiadas entre todas las escuelas de La Habana Vieja que compiten en fútbol, ajedrez, baloncesto, voleibol, gimnasia y maratón.

Con la misma pasión que en una final de Mundial, los alumnos de las escuelas de secundaria “José Martí” y “Jorge Vilaboy” de La Habana Vieja se enfrentan en el partido de fútbol, que clasificará en la final de los Juegos de la Amistad: hasta 300 menores se reúnen para ver esos partidos y animar a su equipo.

En ese partido juega Pupo, un fiel seguidor del Barça y de Messi, de 11 años, que conforma la alineación del “Jorge Vilaboy” en la categoría de 13 y 14 años: “Mis compañeros más grandes me han pedido que juegue con ellos porque tengo talento”, cuenta a Efe este niño que sueña con entrar en la selección nacional.

Del equipo contrario, el también culé Erti, de 13 años, confía en las posibilidades de su escuela para hacerse con el trofeo, aunque asegura que lo lindo de los Juegos de la Amistad es que “une a todas las escuelas de La Habana Vieja para jugar y divertirse un rato”.

“Es una oportunidad que tenemos todas las escuelas de compartir y de hacer amigos”, asegura también Natalia, de 15 años, que participa con la escuela José Martí en la final de gimnasia.

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